Las dos torres
Han pasado 25 años desde aquel fatídico y surrealista (pero tan real) 11 de septiembre. El derribo de las dos torres en un acto de gran ferocidad. Fue como llegar al umbral del imperio y sobrepasarlo, atreverse a sobrevolar los castillos de la riqueza y el poder. Y sembrar allí la muerte, de una forma terrible, casi inconcebible. Penetrar en el terreno vedado, en el cielo supuestamente protegido. Ir más allá de los ojos vigilantes, como quien quiere demostrar que nadie es invencible. La muerte anidó en aquel lugar de acero y cristal, que, ante los ojos del mundo, se desplomó como un castillo de naipes. Nada hay peor que la muerte, pero el 11-S fue, sobre todo, un acto terrorista completamente concebido no sólo para el impacto de los aviones, sino para el impacto televisivo. Ese impacto sigue ahí, nadando en la retina.
Aficionados como somos a señalar en rojo los hitos de la Historia, los momentos críticos que sacudieron a nuestros antepasados, las grandes batallas acariciadas por el ruido del metal y la bruma negra, la caída de las dos torres quedó como el símbolo (aciago, pero símbolo) del inicio de una nueva era. De un nuevo mundo que, en sólo unos minutos de televisión, se había transformado. El siglo XXI nacía al parecer entre........
