Cambian los hábitos de consumo de los asturianos y los bares están felices con la gran moda de la sobremesa: "Podemos hacer turnos seguidos y no partidos"
Cambian los hábitos de consumo de los asturianos y los bares están felices con la gran moda de la sobremesa: "Podemos hacer turnos seguidos y no partidos"
Los hosteleros se muestran cómodos con la tendencia al alza del "tardeo" y se adaptan a horarios más llevaderos
Por la izquierda y de arriba abajo, Raúl Menéndez, Juan Cuesta, Pablo Taberna y Pepo Martínez, en sus establecimientos. / S. A. / P. M. / M. O. / D. O.
Es un hecho: los hábitos de los clientes han cambiado y el punto de partida fue la pandemia. Seis años después, tal y como constata la patronal asturiana Otea, el ocio nocturno está a la baja, la gente prefiere salir a comer que a cenar y las sobremesas se alargan mucho. El denominado "tardeo" ha llegado para instalarse y los hosteleros se adaptan y además gustosamente. Porque en líneas generales permite mejores horarios y turnos al adelantarse el cierre por la noche, tal y como explican a LA NUEVA ESPAÑA.
Contar con un puesto en el mercado de Avilés es todo un privilegio, pues "aquí se hace mucha más vida por el día", cuenta uno de los gerentes del restaurante Yanik, Pepo Martínez, ubicado en la plaza de Abastos. Según explica, la afluencia de clientes es constante durante las horas de apertura. Sin embargo, durante los fines de semana "sí que vienen muchos a cenar, aunque con el buen tiempo la gente se dispersa mucho más hacia la playa o los merenderos, admite".
En su establecimiento cuentan con una sesión de "tardeo" los sábados: "Tenemos música con DJs y en invierno gusta bastante", asegura Martínez. Esta iniciativa busca ofrecer un espacio donde combinar gastronomía y ocio de forma relajada. Y tal como apunta, "es una opción de ocio muy buena y saludable".
En Oviedo, el cambio en los hábitos de consumo ya no es una tendencia, es una realidad "consolidada". Juan Cuesta, propietario de El Llar de la Catedral, lo percibe con claridad. La pandemia marcó un punto de inflexión y, desde entonces, el equilibrio entre comidas y cenas ha cambiado de forma evidente.
"Antes, el viernes por la noche era muy fuerte y ahora ha bajado, mientras que el sábado al mediodía, que era más flojo, se ha reforzado", explica. El fenómeno del "tardeo" también gana terreno frente al ocio nocturno en la capital del Principado. "Se está potenciando bastante y las noches flojean", resume. Una tendencia que, según apunta, se ha hecho especialmente visible en momentos de alta afluencia como Semana Santa, donde la actividad se concentró en horarios diurnos.
A este cambio se suma un factor económico determinante. Cuesta lo tiene claro: "No hay dinero". El resultado es una caída del tique medio y una menor disposición a alargar el gasto durante la noche. Este nuevo escenario obliga a los hosteleros a adaptarse. En su caso, implica reorganizar equipos, reforzar los servicios de mediodía y tarde, y ajustar cartas y menús a la nueva demanda. "Tienes que tener más gente al mediodía que por la noche", señala.
Pablo Taberna lleva décadas en la hostelería, primero en La Felguera y ahora en Sama, en el restaurante Nenyuri, y sí que ha visto cómo han cambiado las costumbres de los clientes. "Desde la pandemia han cambiado los hábitos", explica, "ahora se alarga más el vermut y las comidas, la sobremesa y han bajado algo las cenas".
Reordenación de personal
Ese cambio en las tendencias de consumo obliga a los hosteleros a modificar también sus horarios, en muchos casos para bien. Taberna calcula que al haber más clientes para comer que para cenar han ganado "un par de horas al reloj" a la hora de cerrar. Eso permite, "poder hacer turnos seguidos y no partidos, que es el gran cáncer de la hostelería". Los restaurantes ya no necesitan tanto personal para las últimas horas de la noche y eso facilita la conciliación labora y hacer más amables los horarios de los trabajadores.
Este hostelero langreano cree que ahora se factura menos en las cenas, "pero han subido mucho las comidas".
Antes de la pandemia "vendías mucho un sábado por la noche pero la hora de las comidas era muy relajada". Ahora "las comidas han crecido mucho y están igualadas con las cenas, más o menos". Lo que ocurre es que "la gente ya no se queda a tomar copas después de cenar, a las doce se van para casa cuando antes lo alargaban hasta la madrugada". Es decir, los restaurantes facturan más o menos lo mismo pero la caja se llena antes y pueden bajar la persiana más temprano.
En la sidrería Feudo Real y La Antoxana de Grado llevan unos seis años advirtiendo el cambio de tendencia en el consumo, desde que se produjo el confinamiento por la pandemia. "Lo notamos sobre todo en la hora de cierre porque antes de 2020 era habitual cerrar a las tres de la madrugada y ahora a la una, lo tenemos todo niquelado", señala el hostelero Raúl Menéndez Gancedo.
Siguen dando el mismo número de cenas que antes, pero la clientela cena antes y se recoge primero. También han cambiado los sábados a mediodía, con más comidas que "se alargan con el "tardeo", que lo vemos mucho en La Antoxana. Incluso volver a cenar y luego ya marchar para casa". Las noches pierden fuelle y la gente prefiere tomar un vermú, almorzar y aprovechar la tarde y la luz del día como nueva moda de consumo entre jóvenes y mayores.
El drama del "no show": "No vino una mesa de 15 personas y teníamos todo preparado"
Más allá de los cambios en el consumo, hay otro problema creciente, las reservas que no se materializan. "Es raro la semana que no te falla alguien", afirma Pablo Cuesta. A esto se suman situaciones que complican aún más la gestión del servicio, como clientes que, pese a tener mesa reservada, deciden marcharse al llegar por no encontrar algún producto concreto, dejando ese espacio sin posibilidad de ser ocupado por otros comensales.
Para Cuesta, se trata de una "falta de respeto total" hacia el trabajo del sector. Aunque intentan controlarlo recogiendo datos en las reservas, reconoce que sigue siendo difícil de evitar.
Como consecuencia del "anonimato de internet", el restaurante de Pepo Martínez en Avilés sufre el "no show", como se denomina esta práctica. "No nos afecta tantísimo porque tenemos a muchos clientes de paso y eso nos da la opción de reponer la mesa que ha faltado", dice. Esta dinámica, asegura, es cada vez más común en algunos establecimientos situados en áreas más alejadas. "Son muchos los compañeros que están en zonas más apartadas y cada vez esto es más habitual", señala. Además, hace referencia a los daños de los poco fiables comentarios en redes sociales: "No es lo mismo dar la cara en un restaurante que hacer la reserva a través de una pantalla".
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En cuanto a las reservas que no se presentan, Raúl Menéndez indica que es un problema serio para los hosteleros. Por ello, en sus negocios implantará próximamente un sistema con una penalización económica para los grupos grandes que no acudan a la cita: "Yo siempre llamo un poco antes de la hora para confirmar que vienen, si no me cogen el teléfono, a los 15 minutos la mesa está libre". El hostelero explica que la problemática se da sobre todo con reservas de más de 10 personas para comidas o espichas. "El día de comadres nos dejaron una mesa con 15 bajas y lo teníamos todo ya preparado", lamenta.
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