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Olave, y el Concejo en el diván

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20.07.2026

Toda democracia necesita un contrapeso. No es una concesión del poder; es su límite. Montesquieu lo comprendió hace casi tres siglos: cuando quien debe controlar deja de hacerlo, el poder termina creyéndose suficiente. Algo de eso quedó al descubierto tras la reciente intervención de Felipe Olave en el Concejo de Neiva.

Muchos concentraron su atención en el empresario. Unos vieron al inversionista; otros, al personaje, con las virtudes y excesos que suelen acompañar a quienes padecen el dilema de luchar por las causas colectivas o quedarse en la comodidad de seguir disfrutando sus logros individuales. Yo prefiero detenerme en otro hecho: Olave fue invitado a presentar una iniciativa privada para la ciudad y, sin proponérselo, terminó sentando al Concejo en el diván.

Lo afirmo con la serenidad de los años y con la experiencia de haber ocupado una curul durante dos periodos. Conocí un Concejo en el que el control político era un deber y no una cortesía. Allí entendí que un concejal no está llamado a administrar silencios, sino a formular las preguntas que el poder preferiría no escuchar. Hace algunos años escribí y grité que el Concejo de Neiva era........

© La Nación