menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La amistad comunista

9 0
previous day

Una de las grandes verdades de la vida es que tanto las amistades como las compañías (que a veces coinciden, pero no siempre son lo mismo) definen en buena medida a las personas. El famoso refrán «dime con quién andas y te diré quién eres» contiene una dosis tan profunda e innegable de certeza que nadie con aprecio a la realidad se atrevería a negarlo sin saber que miente. No hay duda de que, a veces, un amigo nuestro de la infancia, con quien compartimos entrañables aventuras y tiernas confesiones, puede salirnos rana y enterarnos de que ahora trafica con seres humanos al sur de Mozambique; la decepción, en todo caso, no implica necesariamente la ruptura de la amistad cuando ésta se ha cimentado sobre bases muy sólidas.

En la política, el refrán se cumple también. Feijoo trata todavía de quitarse de encima el estigma que le produjo (y en parte, le sigue produciendo) la famosa fotografía en alta mar. Qué decirles de Rajoy («El barbas» o «El asturiano», según varios testigos citados en el caso Kitchen) y su peculiar cúpula del Ministerio del Interior, con el pío Fernández Díaz al frente. Casi todos los mandatarios que ha habido en España en las últimas décadas tiene algún cadáver en el armario, o algún amigo de muy dudosa moralidad, por decirlo suavemente. Porque la familia te la da Dios, pero los amigos los elegimos nosotros; y no siempre se elige correctamente. Que se lo digan a Felipe González, por ejemplo, que en 2016 dijo que «ponía la mano en el fuego» por la honradez de Chaves y Griñán, antes de abrasársela como si fuera un churrasco.

Lo del autócrata Pedro Sánchez y el dictador Xi Jinping es, digámoslo así, otro nivel de amistad política. Ambos se han criado con el plancton putrefacto del socialismo, y por sus venas corre la misma inmundicia ideológica que ha matado a más de cien millones de personas inocentes. Sólo hay que verlos juntos, y fijarse en su lenguaje no verbal, para darse cuenta de que la sintonía que evidencian no es solamente política, sino también personal. Son dos hombres que creen, firmemente, que no hay absolutamente nada más importante en la vida que obtener o detentar el poder. Cuando se llega al medio siglo de vida con esa nefasta idea instalada en la cabeza, la cara se convierte en un espejo fidedigno del alma.

Sánchez, que tiene abandonado al pueblo español, al que maltrata de forma sistemática con una carga fiscal sin precedentes y una inflación disparada, ha ido a China para dar lecciones de paz al mundo de la mano de Xi, un ateo que pertenece al Partido Comunista chino desde 1974. Como a los dos les interesa difamar e insultar a Trump (el único dirigente mundial que puede plantar cara al sucio comunismo con garantías de derrotarlo), se ha llegado al sarcasmo insoportable de que Sánchez ha salido a defender al Papa León XIV por su postura antibelicista (que la Iglesia Católica lleva defendiendo veinte siglos). ¡Sánchez en defensa del sucesor de Pedro, válgame el Señor! El mismo personaje siniestro que está profanando el santo lugar del Valle de los Caídos, incluidos la basílica y el monasterio benedictino, y que profanó la tumba de un jefe de Estado en ese mismo lugar. 

Mientras el juez procesaba a Begoña Gómez por cuatro delitos, su enamoradísimo esposo («hasta las trancas», aseguran fuentes socialistas) pedía al Gobierno chino que ayude a España a equilibrar nuestra balanza comercial con el «gigante asiático», que el que nuestro país acumulaba una deuda de 32.000 millones de euros en 2025. Los chinos, probablemente, lo que estén pensando es que van a «ayudarnos» aumentando todavía más el desequilibrio, como por otra parte es lógico. Pero Sánchez hace, en política exterior, exactamente lo contrario que Trump: poner la otra mejilla, pero no para que le partan la cara a él, sino para que nos la partan a todos nosotros. Después de esta visita oficial al país del mal, no tengan la menor duda de que los españoles acabaremos pagando de alguna manera esa forma pueril e irresponsable de relacionarse con los demás.  

El mundo de hoy es un inmenso manicomio gobernado mayormente por individuos como Sánchez y como Xi, dos enfermos de una ideología criminal que debería llevar décadas enterrada. Ellos, y quienes justifican y defienden los regímenes terroristas basados en el odio a Occidente, necesitan una respuesta firme que ya no se puede aplazar; una respuesta que solamente el actual Gobierno norteamericano se atreve a liderar. España no debería estar en ese pozo de pus infecto donde la ha metido esta casta bipartidista analfabeta e irresponsable que nos viene gobernando. A China habría que ir exclusivamente a exigir la liberación de los cristianos perseguidos, encarcelados y torturados; no a hacerse fotitos y a meterse en autochoques eléctricos, con un esnobismo tan paleto que produce urticaria.  

Pero cada cual se muestra tal y como es. Y elige a los amigos que le representan.


© La Gaceta