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De / sobre Walter Benjamin

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20.05.2026

Decía Hans Mayer en su Walter Benjamin. El contemporáneo (Edicions Alfons el Magnánim-IVEI, Valencia, 1992): «El renombre de Walter Benjamin como crítico de la cultura del siglo XX, que para él se inició a mediados del XIX, va en aumento […]. No podría ser mayor la contradicción entre la consideración póstuma de este hombre, que ha llevado a la cuidada edición de todo su legado intelectual y también a la indagación detectivesca del conjunto de circunstancias de su vida, por una parte, y la existencia real de Benjamin como perpetuo rechazado, fracasado, como persona que en realidad pensó íntimamente en la muerte desde muy pronto».

No pocas veces, más que leído es citado en algunos de sus pasajes más significativos, y en cierta medida sus fragmentarias obras se prestan a ello, a lo que se ha de añadir la dificultad de interpretar sus textos que derivan en diferentes direcciones y autores que le sirven de apoyo, lo que no supone que se pliegue a los postulados de estos; los aprovecha como guías en algunos tramos de su recorrido, sirviéndose de ellos y sustituyéndolos por nuevos compañeros de andadura. Con respecto a las citas, no le falta razón a Rainer Rochlitz cuando afirma que «la obra de Benjamin es una mina de citas sugestivas, utilizables con fines absolutamente contradictorios», unos lo utilizarán por su certero diagnóstico de una época, otros por aspectos relacionados con la filosofía del lenguaje o por su concepción de la historia, y muchos en los aspectos relacionados con el arte, el cine, la literatura, la ciudad moderna, etc. No ocultaba su método de trabajo, de manera especial el relacionado con los Pasajes parisinos, con el montaje literario, señalando: no tengo nada que decir, sólo que mostrar…e inspirado en el trapero de Baudelaire, todos los harapos o desechos que hallaba en vez de inventariarlos, los empleaba; en una carta a su amigo Scholem se vanagloriaba: «ya dispongo de alrededor de seiscientas citas, tan bien organizadas, además, que es posible hacerse una idea general de un solo vistazo». Es necesario subrayar que el recurso a las citas no pretendía en su uso por WB la mera repetición sino que él era de la opinión que las citas, al aislarlas del texto del que eran sacadas, creaban un espacio nuevo. La travesía benjaminiana transcurre entre la crítica del progreso y el progreso de su crítica.

Ahora, Bauplan publica un par de libros: uno, del mismo Benjamin. «Capitalismo como religión», y el otro de Fredric Jameson: «Archivos Benjamin», y vamos por partes.

En lo que hace al primero, «Capitalismo como religión », reúne ocho trabajos, tras el sustancioso prólogo de Álvaro Ramos Dicenta, La diabólica ambigüedad del capitalismo: al que da título al volumen le siguen Panorama imperial, Destino y carácter, Hacia una crítica de la violencia, El significado del tiempo en el mundo moral, [Fragmento teológico-político], Franz Kafka en el décimo aniversario de su muerte, que, a su vez, contiene cuatro ensayos.

El texto que da nombre al volumen se inicia con una afirmación fuerte: «El capitalismo puede ser considerado como una religión, es decir, el capitalismo sirve fundamentalmente para satisfacer las mismas preocupaciones, angustias e inquietudes a las que antes daban respuesta las llamadas religiones», mostrando, acto seguido, la diferencia en la valoración en lo que hace a la religión con respecto a Max Weber que la consideraba como un condicionante, mientras que él directamente lo considera, per se, un fenómeno religioso. La religión es estrictamente una religión de culto, basada únicamente en el rito, sin recursos a dogmas, ni teología; en este orden de cosas supone una celebración ritual sin límites, al tiempo que se basa en la culpabilización de la deuda, relacionado con la culpa (schuld en alemán significa ambas cosas: deuda y culpa), de modo y manera que frente a otras formas de religión no hay lugar para la expiación, ni la redención. Tendencia hacia la aniquilación más que a la salvación, condenando a la desesperación. Recurre a algunas precisiones sobre Nietzsche y Freud y sus respectivas doctrinas del superhombre y de lo reprimido, quedando esto último inscrito en el inconsciente…dando cabida, igualmente a Marx y su devenir socialista; señalando a los tres nombrados culpables de aumentar la desesperación. Tras un inciso en el que queda expuesta una bibliografía al respecto, pasa al tema de la preocupación, como enfermedad clásica del capitalismo, que surge de la angustia al conducir a un callejón sin salida.

En Panorama imperial viaja por la inflación alemana, incide en la decadencia y la tensión de una espera en el final del sistema que provoca que la gente no se preocupe más que de su propio bienestar, entreverado con la inseguridad y la impotencia en los ciudadanos alemanes. Pasando el dinero a ocupar el centro de todos los intereses vitales, originando la caída de los lazos sociales y la vergüenza ante la exhibición de la pobreza, cuando de hecho se da un proceso creciente de empobrecimiento, caída en picado que solamente podría hallar salida en la revuelta, posible a condición de que se de un reconocimiento de los oscuros poderes que........

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