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Al general Pedro Garrido

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14.10.2019

La máquina es voraz, como una apisonadora salvapatrias. Como un huracán redentor, que todo se lo lleva. El Estado, en formato Leviatán, arrasa y trincha. Y revienta puertas de madrugada al tiempo que dicta falsedades para las portadas de una prensa ya berlusconizada. Vale la pena no olvidarlo. Un día, hace muchos años y en otros tiempos convulsos, cuando había que imponer que todo era ETA y que especialmente lo era el movimiento okupa catalán, un periodista de La Vanguardia nos dijo, en un encuentro súbito en las tangentes del imposible, que “si te acusan de ser de Jarrai, ya te han destrozado la vida”. No lo decía como generalidad: hacía sincera autocrítica de como operaba la trituradora contra la disidencia. La máquina del barro -multiplicada hoy por la canibalidad de twitter- es tan antigua que no combatirla cada día, nos enfanga a todas y todos. Indefectiblemente. Entonces, desde las páginas del diario del Conde de Godó habían acusado falsamente a un joven de 14 años de Sabadell de ser de Jarrai. ¿Motivo? Haber pegado en una farola un adhesivo con el lema “Estilo Bustos? No, gracias”. No sobra recordar que el alcalde Bustos está hoy condenado hoy por corrupción, que el menor tenía tanta razón anticipada como el juez que condenó después al alcalde, y que el periódico, tras varios burofax, acabó rectificando. Tarde y mal y cuando el daño ya estaba hecho. El autor de aquella falsedad, convenientemente filtrada por la cloaca a sus peones, era Albert Gimeno, que terminó siendo jefe de comunicación del ministro de Interior Jorge Fernández Díaz. Nada nunca es inocente. Y todo acaba (des)cuadrando.

Esta columna tenía que salir antes de ayer, a propósito de la construcción mediática, política y policial, tocada con ficción y tricornio, de la realidad catalana hecha relato y delito. Pero cuando estaba a punto de enviarla a ‘La Directa’, se colaron por la radio las palabras turbias del general Pedro Garrido, en solemne acto oficial y respecto al conflicto irresuelto en Catalunya y el 1-O: “Lo volveremos a hacer”. (¿El qué? ¿La incapacidad de no encontrar una sola urna? ¿La impotencia armada de no poder con la fortaleza de la gente y no poder cerrar ni el 5% de los colegios electorales? ¿La brutalidad vergonzante de zurrar a la gente que dicen proteger?). Me ahorro comentar el “frente unitario represivo” visto en el cuartel, de neutralidad cero e independencia judicial cacareada reventada: guardias civiles, fiscales del Supremo, secretarias judiciales que fueron testigos de cargo y homenaje el juez que inicio la causa judicial y que cambió “el curso de la historia de España”, según misiva remitida por Carlos Lesmes con motivo de su fallecimiento. La realidad -y el CGPJ y algunos cuarteles- hablan por sí solas.

Además, hacía tiempo que me gruñía una ominosa omisión corporativa –ley del olvido, ley del silencio– de este insultante “175 años a tu lado” que ostenta la Guardia Civil últimamente en vehículos logotipados, vídeos promocionales y propaganda oficial. Si hubieran añadido “a tu lado, controlándote”, aún. Pero no, sin matiz alguno. Será que los 40 años de franquismo no cuentan. En 2016, un tuit frívolo con tricornio, lorcaniamente, helaba el alma. Desde el perfil oficial del cuerpo, se homenajeaba al SIGC, el servicio de información benemérito de tan siniestra e infausta memoria. El tuit tenía enjundia y la vergüenza inhóspita de conmemorar su nacimiento –en 1941, ya se sabe, en plena democracia a todo trapo. Si hablaran sus víctimas, saldría una enciclopedia entera del horror. Allí decían: “En primera línea, frente a las amenazas terroristas 1941-2016”. Salvaje omisión sin distinción: porque claro, al menos entre 1941 y 1978 sirvieron, en primera linia, a una dictadura fascista. Y digo al menos, por ese mito fundacional que dice que en 1978 el franquismo desapareció, sin continuidad alguna y por completo, por arte del birlibirloque. En fin, #findelacita.

Autodefensa y aviso, uno quería hurgar en la perspectiva histórica -devastadora, demoledora y precursora de malos tiempos– de la estigmatización, la persecución y la criminalización explícita de ese primitivo “a por ellos” que condensa todo un nacionalismo de Estado. [Verbigracia diferencial de reconocimiento de lo plurinacional: si somos ellos, es que ya no formamos parte de su nosotros]. En fin, que como ejercicio dialéctico y recíproco y democrático y contra toda metonimia, quisiera aplicar al propio cuerpo de........

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