Aborto, verdad y lenguaje: una reflexión necesaria
Aborto, verdad y lenguaje: una reflexión necesaria
Cuando tenía dieciséis años, en una clase de filosofía dedicada al debate sobre el aborto provocado, se nos mostró el documental El grito silencioso, nacido a raíz del empeño del doctor Bernard Nathanson por mostrar la realidad de un aborto. Las imágenes eran explícitas. No había intermediación teórica ni retórica: solo la exposición directa de una intervención quirúrgica cuyo objeto era destruir la vida humana en el vientre de una mujer. El vídeo mostraba, en una mínima parte, la realización de un aborto. Aquella experiencia me marcó profundamente y comprendí, sin mediaciones abstractas, la crueldad de una realidad inhumana que en mi adolescencia se abría paso en la legislación española y que ahora se reivindica como un supuesto derecho.
Recientemente se ha reabierto este debate en el ámbito local tras una moción de Vox, apoyada por el PP local, ante la tentativa gubernamental de blindar el aborto como derecho garantizado por la Constitución. Resulta triste ver que el derecho a vivir se convierte no en objeto de acuerdo, sino de debate y confrontación, como si el derecho absoluto a la vida estuviera al arbitrio de cualquier circunstancia relativa a deseos o situaciones personales.
El doctor Bernard Nathanson, antiguo promotor del aborto y posteriormente crítico del mismo, experimentó un proceso humano doloroso y sanador que lo transformó en uno de los mayores defensores de la vida intrauterina, tras haber estado implicado en la realización de más de 75.000 abortos, entre los cuales se encontraba el de su propio hijo.
Su trayectoria, junto con la difusión de material audiovisual sobre los procedimientos abortivos, contribuyó a reabrir discusiones que parecían cerradas en determinados ámbitos, pues mostraba la terrible crueldad que suponía para el bebé la realización de un aborto mediante legrados, métodos de aspiración, inyección salina, etc.
Su proceso humano muestra la complejidad ética, psíquica y psicológica que rodea esta realidad, puesto que hablamos de la eliminación de nuestros conciudadanos, que son nuestros propios hijos, hermanos, nietos, sobrinos y vecinos, ya que el ser humano no es un ente aislado en la sociedad, sino un ser en relación constante: un ser relacional que es un bien........
