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No soy madre, pero sí soy tía

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Familias, alumnos y docentes llenan las calles de Alicante en defensa de la educación / Rafa Arjones

Cada día, al entrar al aula, veo a hijos e hijas, sobrinos y sobrinas, nietas y nietos… me gustaría poder atender a mis alumnos/as de 1º ESO como creo que merecen ser atendidos por el sistema educativo público.

Comienzo el día con energía y con foco, trato de respirar y ser consciente de mi estado emocional, pues la convivencia en el aula requiere de una preparación previa. Necesito calma y sosiego, presencia para gestionar imprevistos y atender desde la paciencia.

Hora tras hora, me zambullo en una caja de resonancia. Cada niño y cada niña es un altavoz que refleja la situación familiar y social, trayendo al aula las tensiones, la polarización y la falta de valores y respeto que han ido enraizando en el calado social actual.

Primera hora: no se trata de entrar al aula y abrir el libro por la página 31. Preparo material para adaptaciones de dislexia, las pautas para déficit de atención, para el que está aprendiendo el algoritmo de la raíz cuadrada, y para la que está dos pupitres a su derecha que está aprendiendo a restar. Preparo ficha en castellano, y a ratos monto mi propio portátil con mi propio micro para traducir simultáneamente ciertas explicaciones a alumnado recién........

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