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¿Pactos y compromisos en la factoría europea? Riesgos, sombras y amenazas

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10.10.2019

En más de una ocasión me he ocupado en estas páginas de explicar las relevantes y significativas analogías y diferencias entre el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales de los Estados miembros (EEMM) de la UE. El PE es, en efecto, un Parlamento en la medida en que es un órgano representativo, directamente electivo (la única institución en la arquitectura de la UE directamente legitimada por el sufragio universal de la ciudadanía europea), con potestad legislativa (de la que la Comisión LIBE es un claro exponente) y de control político (y de legitimación, mediante la investidura) sobre la institución que vertebra el poder ejecutivo y la administración permanente de la UE: la Comisión Europea.

Desde el punto de vista, por tanto, de su composición, funciones y procedimientos existen puntos de contacto para la comparación con los parlamentos nacionales, así como diferencias que tienen que ver con la escala multinacional de su representatividad y la supranacional de su legislación.

Pero, por encima de todo, el PE se diferencia (y distancia al mismo tiempo) de los parlamentos nacionales, en la estructural ausencia de mayorías absolutas monocolores en la composición y orientación de la Eurocámara. Y ello es así en la medida en que la proyección electoral de los heterogéneos arcos parlamentarios de los EEMM excluye una acción de gobierno, presupuestaria y legislativa de un único signo político. Y esa es, en última instancia, la razón por la que el PE es, inexorablemente, un lugar cuyo lenguaje, cultura y costumbre política es la de los entendimientos y la de los compromisos. No de uno sólo, ni unívoco ni mucho menos constante, ni siquiera perdurable: es un lugar de compromisos proteicos y por tanto variables en su forma, su volumen y su composición. Compromisos a muchas bandas y de geometría variable, en........

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