Euforia desmedida
Es 2019 y apenas estamos conociendo el mundo, aunque creamos que ya lo tenemos demasiado visto. Esa era la sensación a a mi alrededor cuando como generación asistimos al estreno de la serie Euphoria. En poco tiempo, la serie consiguió marcar un antes y un después en un grupo de adolescentes sedientos de emociones y de representación, aunque esta fuese siempre llevada al extremo y pervertida de la peor de las maneras. En pleno mayo de 2026 se está acabando de emitir su tercera temporada, pero ni nosotros somos los que éramos, ni la ficción tiene ya tanto que enseñarnos.
La mano creadora de Sam Levinson consiguió que la vida por aquel 2019 adquiriese un tono sepia, y que los maquillajes, el brillo, las bicicletas, las Converse All Star y las aplicaciones para ligar se convirtiesen en el retrato de una juventud que había perdido el norte. Su éxito fue ligado a extensas polémicas por la crudeza y el tono a veces demasiado dramático que sus episodios manifestaban. Lo cierto es que las aventuras de un grupo de estudiantes en California pasaron a ser asumidas como el reflejo de la adolescencia más conflictiva, poniendo sobre la mesa y bajo cientos de luces neón la otra cara de esta primavera vital: el desconcierto, las adicciones, la salud mental, el abuso y la experimentación con la sexualidad.
La actriz Zendaya —Rue, en la ficción— obtuvo dos Emmy por su actuación en las dos primeras temporadas. A modo de narración testimonial, este personaje cuenta su vida desde su infancia, narrada en una demoledora primera escena en la que se dirige al........
