¿Ciudad oasis?
No puede fallar una entrega, ni una sola. El repartidor llega ante la puerta con el paquete, el vecino lo comprueba, lo recoge y lo comprueba de nuevo. Ante todo: eficacia. Fuera, en los cuarteles generales de distribución: misión cumplida. Dentro, en la vivienda acogedora: demanda satisfecha. Ni una sola palabra más que el saludo cortés y apresurado. Y sí, sí que funciona, sí que se generaliza cada vez más este modo online, puerta a puerta, de ¿vida urbana?
El viajero inquieto, nada más otear una ciudad en que perderse, busca destellos del Mercado antiguo. Si solo queda un vestigio nostálgico, ¡no se resigna, lo busca! Necesita pulsar el latido del intercambio de bienes, servicios, información, risas y olores; sentir la emoción y fiabilidad del roce humano. Paladear el fertilizante que reunió a los ciudadanos: el boca a boca. Ahora, en tiempos de digitalización, vaciamiento, desertización, ¿será este un valor imperecedero, irremplazable?
En Vigo, vigorizó la ciudad la yuxtaposición instintiva, desinhibida, de mercados: Ribera do Berbés, A Laxe, O Progreso, Bouzas, Calvario, Teis, Cabral, As Travesas. Un abono........
