Por un voto. Por Kenneth Bunker
La magnitud del apoyo a un proyecto de ley no dice nada sobre su potencial resultado. Solo refleja la división política del momento en que se vota. Pasar una ley por un voto es más que suficiente.
El lunes 22 de junio siete presidentes de partido de oposición firmaron una declaración conjunta dirigida al gobierno. El texto pedía separar la reforma tributaria del proyecto de reconstrucción, exigía mayores espacios de diálogo, y sostenía que una reforma tributaria responsable no debe aprobarse con un voto ni con mayorías frágiles y circunstanciales.
El miércoles 24, dos días después, el Senado aprobó la idea de legislar el proyecto Reconstrucción Nacional por 26 votos a favor, 23 en contra, y una abstención. Por un voto. El jueves 25, el ministro de Agricultura, Jaime Campos, respondió en Radio Infinita recordando que la ley que creó la Corfo se aprobó por un voto, y agregó que si las leyes se aprueban por un voto, que así sea.
Lo que dice el ministro Campos es interesante por la pregunta que abre. ¿Basta un voto para legitimar una reforma de esta magnitud, o se requiere un consenso amplio para hacerla viable y duradera?
Es importante conceder que la transversalidad tiene un atractivo evidente. Pues, en teoría, las reformas que concitan mayor apoyo legislativo debiesen también producir mejores resultados. Por algo concitan tanto apoyo en un primer lugar. El problema con ese argumento, sin embargo, es que la evidencia no respalda esa intuición. Por ejemplo, los retiros de fondos previsionales aprobados entre 2020 y 2021 son el contraejemplo más nítido. Contaron con respaldo cruzado, incluyendo sectores del oficialismo de la época, de la centroizquierda y de la derecha, y pasaron con mayorías holgadas. Su impacto, sin embargo, fue uno de los más costosos de la década reciente. Deterioraron el sistema de pensiones, contribuyeron al ciclo inflacionario, y golpearon con........
