El sueño de Europa
13 de abril 2026 - 03:07
Desde finales de la Segunda Guerra Mundial una serie de intelectuales europeos, angustiados por el terrible papel agresivo en que se vieron envueltas sus viejas naciones, fueron publicando libros para ilusionarse con una nueva idea de Europa. Ya había precedentes de esta actitud capaz de alentar nuevas expectativas, rompiendo con el limitado horizonte ofrecido por los egoísmos patrióticos. Resulta sorprendente el prodigioso número de escritores de la más dispar procedencia, en géneros literarios, lengua y geografía, que acudieron a esta llamada interior destinada recrear un sueño distinto para Europa. Resultaba difícil volver a tener esperanza, como dijo Adorno, después de los horrores de la guerra, pero aquella responsabilidad, aunque asumida de forma aislada, movilizó a centenares de escritores, y gracias a las ideas expuestas, poco a poco, cobraron vida esas nuevas instituciones que aún perduran. Así, se hizo posible que se encarnase la Europa soñada: a la vez unida, solidaria y democrática. En España se tuvo la suerte de contar con las meditaciones dedicadas a esta cuestión por Ortega –tan brillantes como certeras–, pero en el resto de Europa acudieron también a esta convocatoria moral sus mejores nombres. El mundo de la cultura durante medio siglo dio testimonio de un compromiso admirable. Con todos esos libros, y la voluntad ética que los empujaba, se pudo llenar la biblioteca ideal con la que se forjó el sueño que Europa necesitaba. Pero aún hay más, también muy significativo. Entre tantos títulos puede trazarse una línea compartida: todos basaron en el pasado cultural europeo las razones que justificaban sus diversas propuestas. De la vieja y milenaria cultura europea era posible, pues, extraer los apoyos para enfrentarse con los difíciles tiempos actuales. Por eso, precisamente, en estos días conviene recuperar esta labor ingente y entusiasta que se depositó en aquellos centenares de libros, porque, con su lectura, los primeros europeístas tomaron conciencia de la necesidad de crear las instituciones políticas, sociales y económicas que todavía sostienen el sueño de esta unión europea. Y esto conviene aún más recordarlo ahora que cunde la alarma de que, ante los nuevos retos, estas instituciones comunitarias flaquean, desnortadas e indecisas.
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