Dos países diferentes
Una nación milenaria que sabe mirar atrás, que conoce sus orígenes y a la vez sabe lucir su modernidad antigua que la abre al mundo. El Virolai como himno nacional oficioso —seas o no de misa, mirad si no el Ball d'en Robafaves de Mataró— y unos Segadors y un Cant de la Senyera que hablan de lucha y paz, mal les pese a algunos. Una virgen negra como patrona, un arquitecto genial, universal y catalanista hasta la médula, también por mucho que les duela. Tradiciones que nos definen, firme raíz de cualquier árbol que plantamos. De los Juegos Olímpicos del 92 a la bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Família. Aquellos que deslumbrábamos el planeta con ceremonias majestuosas y emocionantes hacemos aparecer a Gaudí con puntitos de luz en el cielo y, si es necesario, creamos el infierno en Urquinaona. Sí, somos los mismos. Creámonoslo y sintámonos orgullosos.
Porque al otro lado hay un Estado que tiene que expulsar a 600 cantaires para evitar que, supuestamente, se muestren esteladas o se interprete el himno del país (aquella letra que les dice que son gente ufana y soberbia, porque lo son). Comportamiento propio de unos temerosos acomplejados que arrinconan a músicos, custodiados por la puerta trasera, como si fuesen delincuentes. Qué pequeña y miserable victoria de........
