Golero desconfiado
De pelao, en el Colegio de La Salle, allá en la meseta con vista perfecta a La Popa, aprendí que el verdadero espectáculo no siempre estaba en el tablero verde, lleno de tiza, paréntesis y raíces cuadradas, sino sobre nuestras cabezas. Mientras el maestro De La Nuez explicaba álgebra, mi atención a veces se escapaba por la ventana y se iba detrás de esos gallinazos que planeaban alto, dibujando círculos lentos y elegantes sobre la ciudad. Era enero, con brisas de verano recio, y yo me imaginaba volando con ellos, ligero, lejos del uniforme y de los exámenes, sin entender todavía por qué, justamente en ese mes, el cielo se llenaba más de esas sombras refinadas.
Por esos años, principios de los 80,........
