Bacanal de libros
Qué privilegio encontrarse uno en el mismo sitio con todos los libros del mundo y abrazarse con los amigos sobrevivientes en esta vida que disfrutamos. En Filbo 26 me solacé, entre otros, con estos títulos.
(Le puede interesar: El nadaísta nómada).
1.El vientre de todas las guerras. En alguna parte Gabo apuntó que la historia debería ser escrita en novelas. Eso hace aquí Armando Romero. Si quieres saber de dónde proviene la violencia que nos viene azotando debes leer este minucioso volumen que se incrusta en la gran pelotera nacional de las épocas de Tomás Cipriano de Mosquera, de Núñez, de Jorge Isaacs. Dos novelas intercaladas, la una amparada en una profunda investigación histórica y la de esta época centrada en una indagación acerca de trata de blancas en España. Publicada por Sílaba. De lo mejor que he leído en novelas.
2.La rebelión de la nada. Historias del nadaísmo. A los 68 años de haber surgido el movimiento nadaísta, y a pesar de que se han escrito algunos libros analíticos acerca de su trasegar, aparece un tomo de 360 páginas, con 25 ensayos de notables escritores contemporáneos, rememorando y analizando los andares, con tino o desacertados, de la trascendental patota de transgresores. Edición concebida por Juan Manuel Zuluaga Botero y el equipo de su revista Cronopio, con el apoyo de Fondo Editorial de Envigado, Editorial ITM y Fondo Editorial Remington.
Qué privilegio encontrarse uno en el mismo sitio con todos los libros del mundo y abrazarse con los amigos sobrevivientes en esta vida que disfrutamos.
3.Los abuelos cuentan. Nunca pensé tener hijos, hasta que vino una pequeña hada y me sirvió dos en bandeja de plata. Salomé y Salvador. Y hoy disfruto de la alegría más grande que me pudo brindar la vida, la nieta de 5 años Emilia Curtis Arbeláez, por quien mis ojos no dejan de dar gracias al cielo sin dejar de mirarla. Y el privilegio de participar en el libro de cuentos que, bajo la firma de Planeta, nos ha empastado para siempre María Inés Pantoja. Con los cuentos a sus nietos de una extensa pléyade de amigos de la vida, con algunos de los cuales me tocó presentar el libro en la Filbo, Claudia Samper, Ana de Pizarro, Gustavo Castro Caicedo, Óscar Alarcón, José Díaz-Granados y, aunque no con presencia física, la siempre amada y reciente viajera estelar Aura Lucía Mera.
4.Los 32 señores y la princesa morada. Un cuento perfecto de mi inolvidable pupila María de las Estrellas, la niña genio del nadaísmo quien muriera a los 12 años en accidente automovilístico y dejó una extensa y preciosa obra en poemas, cuento y novela. Editado por Ediciones Ruido, de Michael Benítez. El cuento, ilustrado por Edouard Monneau, ya tiene traducción de Boris Monneau, para una próxima edición parisina.
5.Juvenal y el ojo del buey. Jaime Ruiz Montes es un reconocido y exitoso marchand, quien se basó en la vida y obra de uno de sus artistas favoritos para trazar una pintoresca novela donde cuenta el difícil periplo, desde su pequeño pueblo natal hasta su travesía por Europa, amparado por un ojo de buey, pequeño talismán o fetiche que porta desde su infancia, mediante el cual triunfa hasta terminar con un museo consagrado a su obra en su tierra natal. Aunque por ser ficción no menciona el verdadero nombre del artista, me tomo el atrevimiento de divulgarlo: es el maravilloso pintor Filomeno Hernández, de Suaza a Suiza.
6.Prendas negras y Poemas en el bus. Reedición de Caza de Libros, con motivo de la muerte de su autor el nadaísta caleño Jan Arb, el pasado 25 de diciembre. Recoge parte de su obra poética, pues su herencia literaria consiste en cerca de cuatro mil páginas místicas, que incluyen comunicaciones directas con el Señor de los cielos y de la tierra. Disponible para una buena editorial religiosa. O para los archivos del Vaticano.
7.Que se casen los maricas. Recuento de los textos escritos en un cuarto de siglo con el tema gay, personajes y anécdotas, servicio militar y matrimonial, en parte de una manera juguetona pero también referida a excesos que lindan con lo penal y con lo macabro. Se mantiene la palabra marica porque es un término dulce y acariciante, aterciopelado, orgullosamente usado por García Lorca y por Allen Ginsberg. Publicado también por Casa de libros, bajo mi firma.
(Lea todas las columnas de Jotamario Arbeláez en EL TIEMPO, aquí)
