Cuatro compradores de vivienda, con 30 años de diferencia: "Para ahorrar hicimos economía de guerra"
Cuatro compradores de vivienda, con 30 años de diferencia: "Para ahorrar hicimos economía de guerra"
1993, 1998, 2024 y 2026 son los años en los que los cuatro entrevistados compraron sus domicilios, con grandes similitudes —ahorro, dificultades y una ardua búsqueda— pero con la diferencia de la crisis de vivienda que hoy en día azota las grandes ciudades
Un montaje de las cuatro personas entrevistadas para este reportaje / 'activos'
La experiencia de comprar una vivienda nunca ha sido sencilla. Hace cinco, diez, quince o veinte años... hacer frente a una operación de dicha envergadura siempre ha supuesto un reto, por la capacidad de ahorro, las relaciones con los bancos y, sobre todo, el contexto económico de cada época.
EL PERIÓDICO ha recabado los testimonios de cuatro personas, dos en Madrid y dos en Barcelona, que han vivido la experiencia de comprar un piso con unos 30 años de diferencia –unas a finales de los años 90 y otras en el presente– para comparar experiencias, plazos y necesidades de ahorro.
Liz (63 años): "Ahora mismo no tengo claro si podría comprar un piso"
Liz Sánchez, barcelonesa de 63 años, compró su piso en la zona de La Sagrera en 1993. Según relata, los precios "oscilaban entre los quince millones y los treinta, o incluso más". En aquel momento vivía en la zona de Virrei Amat, y su idea era permanecer allí, o como alternativa, en Sant Andreu.
Sin embargo, su expectativa quedó truncada por los altos precios. Tuvo que conformarse con la zona de La Sagrera. “En aquella época ya se hablaba de estación del AVE, pero era una zona totalmente dejada: aceras estrechas, sin comercios… no había ni un supermercado cerca”, recuerda.
Los pisos que le cuadraban eran inalcanzables. Tras mucho buscar, terminó encontrando una oportunidad en La Sagrera. Se trataba de una promoción de pisos de segunda fase, pues los primeros ya se habían construido. Compró el piso, un 4º interior por 16 millones de pesetas, sobre plano. “Al año siguiente, en 1994, nos dieron las llaves y llegó el momento de firmar la hipoteca”.
En cuanto a la entrada, la entrevistada recuerda que ascendió a cinco millones de pesetas. “Yo había ahorrado algo de dinero y mis padres nos ayudaron para poder comprar el piso”, recuerda. Su pareja de aquel entonces, sin embargo, apenas tenía ingresos. La elección de la hipoteca fue sencilla. “La promotora tenía una hipoteca con Caixa Catalunya, e hicimos una subrogación”. Liz destinaba una quinta parte de sus ingresos al pago de la hipoteca, que firmó con tipo variable.
Entonces llegaron los problemas. Cuando se separó de su pareja, en el año 2006, se vio en la tesitura de tener que comprarle la parte del piso que a él le correspondía. En aquel momento ya rondaba su cabeza la idea de cambiar de barrio, pero no pudo por los precios. “No me podía permitir empezar de nuevo”, lamenta.
La fórmula que encontró para salir de aquel brete fue volver a hipotecarse, para darle el dinero a su pareja y quedarse con la totalidad de su piso. “En ese momento, me volvieron a dar un interés variable, pero aumentó el porcentaje dedicado a la hipoteca de lo que yo cobraba, casi un 40% de mi sueldo”, recuerda.
Volviendo atrás, confiesa que cree que le ha ido bien, pero ahora mismo no tiene claro si podría acceder a una vivienda. “Veo alquileres que paga gente cercana que me parecen una barbaridad, hasta 1.300 euros por un piso viejo en Santa Eulalia”. Respecto al valor actual del piso, con la idea de la estación de AVE tomando forma, no duda en que podría venderlo por, al menos, 500.000 euros, aunque nunca lo ha........
