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Menos histrionismo

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25.07.2026

Cambiaría el trofeo del Mundial de buen grado por unas pocas menos hectáreas calcinadas o unas pocas más viviendas protegidas. Eso sería un éxito de país. En lo demás, moderemos la presencia histriónica de nuestra propia importancia

España ganó su segundo Mundial en el MetLife

De repente nos creímos los mejores del mundo y de forma desvergonzada nos subimos al carro de los triunfadores. Por una razón u otra, la euforia se extendió entre millones. Los analistas buscaron los más diversos sentidos en los que el triunfo en el mundial de fútbol era un tropo del triunfo del país. Un sentimiento de orgullo recorrió el mundo y las compensaciones emocionales que cada uno obtuvo de esa noche del domingo fueron de toda índole. Luego pontificamos sobre lo que debe aprender Argentina y sobre las virtudes infinitas de nuestra selección. La exageración ha sido general.

Lo insano de estas celebraciones exageradas se vio en el personaje de nuestro tiempo que revela mejor nuestros vicios. Leía estos días el viejo libro de Edgar Morin El paradigma perdido y me encontré con esta frase: “El ejercicio del poder oscila entre los dos polos de la agresividad y el exhibicionismo. En el primer sentido, el jefe mantiene su autoridad mediante la intimidación, la mímica de la amenaza (threat behavior), y en el segundo, recurriendo a la evocación histriónica de su presencia y de su importancia”. Hay que recordar que Morin está describiendo aquí la realidad del poder… ¡entre los primates! Pero su descripción se ajusta como anillo al dedo a Trump.

Me interesa destacar el carácter primario del histrionismo en la victoria, la necesidad de exhibir esa presencia imponente el día del éxito. El mundo entero -se sospecha que dos mil millones de seres humanos vieron la ceremonia de la entrega del trofeo a la........

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