Por qué Tarija no produce conocimiento
Hace un par de días tuvimos una reunión de emergencia con el comité organizador de un premio de ensayos académicos, tesis y narrativa literaria que habíamos lanzado hace unos meses, ante la alerta de que, posterior al vencimiento del plazo, habíamos tenido una participación minúscula y mucho menor de la que se esperaba. Ante mi cara de sorpresa y desesperación, otro participante de mayor experiencia que yo me miró con cara irónica y me dijo: “Tranquilo, que eso era de esperarse, es lo que siempre pasa”, y la verdad es que es así. Hace justamente una semana antes yo había terminado una tesis que evaluaba el sistema de Ciencia, Tecnología y Sociedad del departamento de Tarija, que evaluaba elementos similares, el cómo se generan los procesos de innovación y generación tecnológica en el departamento (entendiendo que la tecnología también es una producción social), pero bueno, sin perdernos del tema, yo llegaba justamente a conclusiones muy similares: Tarija tiene una notable debilidad en la generación de redes y dinámicas sostenibles que sostengan la generación de conocimiento científico.
La primera pregunta que me hice fue: ¿por qué y desde cuándo? Parece ser que desde siempre. Buscando una superficial respuesta, recordé una frase de un decano en mi primera universidad en Cochabamba: “la mejor materia exportable de Tarija son los chapacos”. ¿Qué era esa respuesta? ¿Un halago a la picardía? ¿Una respuesta nacida de una crítica al territorio? Tal vez la intención era decir que la gente de Tarija tiene muchas aptitudes, pero Tarija no ofrece las condiciones. Bueno, creo que hay una responsabilidad mutua: una estructura institucional que no permite los procesos de desarrollo científico fuera de sus 4 paredes y una masa social pasiva y conformista al sistema ya estructurado. Es evidente que este tema es mucho más profundo que un solo artículo; de hecho, considero que un elemento sintomático fundamental es también la autonomía universitaria y el autogobierno no bien regulado, que permite el establecimiento de bloques de poder con intereses ajenos a los de una institución dedicada al ejercicio de la academia.
Pero, retomando la reflexión de esa tarde, me quedo con una frase que quizá canaliza lo que pasa en Tarija con la producción de conocimiento. Pocas personas haciendo su aporte con cosas pequeñas, pero significativas. Creo que de fondo eso es Tarija, por lo menos en el área que yo me desempeño, unos cuantos grandes soñadores intentando incansablemente generar procesos de conversión. Creo que en momentos coyunturales como en el que estamos viviendo, al replantearnos horizontes, polos de desarrollo y propuestas a futuro, deberíamos iniciar premiando más a los que mantienen aún el carro para que nosotros podamos seguir peleando adentro.
