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El verdadero infierno de Dante

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15.08.2020

Las cajas CLAP no traen 24 productos como repiten los medios oficiales, semioficiales y entregados. Apenas 6 y con suerte 8. Cuando vienen 11 hay fiesta en el barrio. Lo real es que trae más hambre que productos, al tiempo que crece la ola de indignidad. A esas cajas que le sacan la leche y le meten dos cocos, que casi nunca traen aceite y no faltan las lentejas ni sus gorgojos, Dante Rivas les ha adosado a pérdida un buen tajo de su exiguo y rebanado capital político.

Desde esa ficción legal que es la canonjía de “protector de Nueva Esparta”, un bien pagado enchufe o prebenda que no aparece en ninguna parte –ni aparte– de la legislación venezolana, el geógrafo Rivas, titulado en la Universidad de los Andes, ha devenido, a cuenta de la pandemia y por su real gana, en el Eustoquio Gómez de Nueva Esparta. Ha convertido la perla del Caribe en el peor infierno. Sin agua, sin electricidad, sin gasolina, sin comida y pronto se va a quedar sin sombra si le hicieran caso y en vez de gas usan leña para cocinar las caraotas que esporádicamente traen las cajas CLAP.

Dante Rivas tuvo fama de buen gerente, igual que Diosdado Cabello cuando era director de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones y empezó a conocer que es mejor que te lleven el maletín que llevárselo al jefe. Las telefónicas se sintieron complacidas y lo enaltecieron, pero después se les puso respondón y hasta basto. Se quitó la corbata y el paltó de Clement. Volvió a su traje de fatiga, pero con mejores cargos. Obediente y no deliberante, buscó otras escalas y grasitas dentro y fuera del tesoro público.

Dante Rivas fue más avispado desde el principio de su “carrera” política. Sus viejas amistades en la Universidad de los Andes –¿Qué se hizo el gordo Tobi?– lo recomendaron al cargo que nadie quería y que traía la peor reputación desde el segundo gobierno de Rafael Caldera: la Onidex, que le cambiaron el nombre a Saime, Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería. Un verdadero laberinto burocrático de malas mañas, ineficiencia y guisos a traspuertas.

Con inesperadas destrezas comunicacionales, Rivas le cambió la imagen al Saime y le imprimió una pátina de eficiencia que se........

© El Nacional


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