La pedagogía del descanso: tareas que educan
El descanso verdadero también forma. El ocio bien vivido –ese tiempo sin agenda en que se juega, se conversa, se mira el mar, se lee por gusto y no por nota– ensancha el alma y afina la sensibilidad. Y aquí la escuela puede inspirar sin controlar, sugerir sin evaluar.
Cada marzo los profesores repetimos el mismo lamento: “¡Se les olvidó todo!”. Las tablas de multiplicar desaparecieron, la comprensión lectora retrocedió varios cursos y pareciera que los alumnos vuelven al colegio con las orejas –y el cerebro– llenos de arena. Nos quejamos, exageramos un poco… pero detrás de la caricatura hay una inquietud real: ¿qué pasa con el aprendizaje durante el verano? Y, sobre todo, ¿deberíamos enviar tareas para evitarlo?
No es una pregunta menor. En ella se juega nuestra concepción de la escuela, del aprendizaje y –sobre todo– de las personas que tenemos delante.
Durante el año escolar hemos llenado sus agendas con evaluaciones, trabajos, ensayos PAES, talleres, notas, comparaciones. Les pedimos concentración, esfuerzo sostenido, resiliencia. Les repetimos que el tiempo es........© el mostrador
