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Gabriel Valdés: la política que extrañamos

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28.06.2026

A quince años de su muerte, el legado de Gabriel Valdés trasciende la nostalgia. Esta columna recuerda al hombre que entendía la política como servicio, ética y cultura, y reflexiona sobre la vigencia de una forma de ejercer el poder que hoy parece cada vez más escasa.

En septiembre se cumplirán quince años de la partida de Gabriel Valdés. El tiempo, que suele empequeñecer a los hombres públicos, ha producido con él el efecto contrario. Cada año que pasa se agranda su figura y se vuelve más evidente una deuda que Chile aún no termina de saldar.

No se trata solo de una deuda con Gabriel Valdés. A través de él, es una deuda con una generación de servidores públicos que entendía la política como una vocación moral antes que como una profesión; como un acto de servicio antes que como una estrategia de poder. Hombres y mujeres que podían equivocarse, y a veces se equivocaron, pero que jamás confundieron el horizonte con el barro ni los ideales con los aparatos.

Vivimos tiempos en que demasiados dirigentes parecen condenados a mirar únicamente el suelo que pisan: pendientes de la pequeña disputa, de la encuesta de la semana, del cálculo inmediato, de la administración de facciones y de la conservación de cuotas de poder.

Gabriel Valdés pertenecía a otra especie. Era de aquellos que levantaban la vista por sobre el paisaje y buscaban, más allá de la contingencia, el sentido profundo de las cosas. No concebía la política como la administración de intereses, sino como una forma de elevar la condición humana y de ayudar a una comunidad a encontrarse con la mejor versión de sí misma.

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