Frente al suicidio, no pasemos de largo
Tal vez este 10 de septiembre debiese llevarnos a preguntarnos: ¿a quién puedo cuidar mejor?, ¿a quién tengo que volver a mirar? Necesitamos pasar de la indiferencia al encuentro, del individualismo a la comunidad y de la competencia sin límites a la fraternidad.
“Un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, tuvo compasión. Se acercó…” (Lc 10,33-34).
El samaritano hizo algo distinto, vio, se conmovió y se acercó y es que en estos tres verbos encontramos una enseñanza profundamente humana que conserva toda su vigencia, porque hay realidades frente a las cuales no tenemos derecho a pasar de largo: el sufrimiento de tantas personas es una de ellas.
Este 10 de septiembre se conmemora el día mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que nos invita a detenernos, no solo para mirar las cifras, elaborar diagnósticos o conocer las políticas públicas que se han implementado, sino, sobre todo, para preguntarnos qué nos está ocurriendo como sociedad y qué podemos hacer para cuidar mejor la vida de quienes nos rodean. El suicidio es una realidad dolorosa y compleja que no admite explicaciones fáciles ni respuestas simplistas. Sabemos que en él intervienen múltiples factores personales, familiares, sociales y culturales y que, precisamente por su complejidad, sería un grave error considerarlo exclusivamente como un asunto individual o circunscrito al ámbito de la salud mental.
En Chile, cerca de dos mil personas fallecieron por suicidio durante 2023, según los últimos datos disponibles y detrás de cada una de ellas hay una persona, un nombre, una familia, amigos, compañeros de estudio o de trabajo; hay, en definitiva, una historia que jamás puede ser reducida a un número. Por eso hemos de preguntarnos: ¿qué nos está diciendo esta dolorosa realidad acerca de la sociedad que estamos construyendo? Vivimos en una sociedad que ofrece posibilidades extraordinarias, pero que al mismo tiempo exige mucho ya que desde muy temprano........
