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¿La nueva oportunidad del PDC?

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24.06.2021

En una columna anterior (El Mostrador, 25 de mayo de 2021) escribí que el PDC, que marcó la política chilena durante más de medio siglo bajo el liderazgo de dirigentes excepcionales, entre los que destacaron Eduardo Frei Montalva, Gabriel Valdés y Patricio Aylwin, se había desplomado como organización, dejando de ser una organización nacional y popular, al quedar al margen de la Convención Constitucional, la más importante de las cuatro elecciones realizadas el 15 y 16 de mayo, eligiendo solo un convencional, Fuad Chahin, entonces presidente de la colectividad, y un independiente.

Sin embargo, había sobrevivido en el electorado, pues recibió cerca de 700.000 votos en la elección de concejales, eligió 46 alcaldes, tres más que en los comicios de 2016, y tuvo un buen desempeño en la elección de gobernadores regionales, donde destacó el triunfo de Claudio Orrego como candidato de la Unidad Constituyente, la ex Concertación, por la región Metropolitana, al pasar a segunda vuelta.

La sobrevivencia del PDC en el electorado se confirmó en las elecciones del 13 de junio, con el triunfo de Orrego sobre Karina Oliva, la abanderada del PC y el Frente Amplio, al atraer votos de la derecha y centroizquierda. La DC eligió otros tres gobernadores como parte de la coalición Unidad Constituyente.

La competencia política PDC-PS
La DC dispone de un recurso político adicional sobre sus socios de coalición: Yasna Provoste, la presidenta del Senado. Ella es en la actualidad la personalidad de centroizquierda con mayor visibilidad en la opinión pública y una candidata presidencial en potencia que atrae simpatías de personas del centro y centroderecha.

Un partido al que sus aliados consideraban en vías de extinción, que sufrió en el último bienio la renuncia de decenas de destacadas personalidades, incluidos exministros, sorpresivamente tiene posibilidades de encabezar la candidatura presidencial de la centroizquierda e imponerse en segunda vuelta frente a la izquierda, con aquellos votos de un amplio espectro, de centroizquierda y de derecha que observan con simpatía una opción centrista tras el fracaso del gobierno de Sebastián Piñera. Esa voluntad se manifestó en el triunfo de Claudio Orrego.

Esta reemergencia del PDC repone las tensiones de una competencia electoral entre dos partidos, algo de suyo difícil en un régimen presidencial. Hasta las elecciones presidenciales de 2013, la competencia en la centroizquierda por elegir al candidato común era regulada de forma amistosa, mediante acuerdos de primarias o sin estas, cediendo primero el PS a una postulación DC más fuerte (1989) y después el PDC a la candidatura de Michelle Bachelet (2005).

Esta práctica política de un cuarto de siglo fue abruptamente interrumpida por el PS en las elecciones presidenciales de 2017, tras rechazar la candidatura del expresidente Ricardo Lagos, militante del PS, antes proclamado por el PPD. El PS adhirió a la candidatura presidencial PR del senador independiente Alejandro Guillier, al que también apoyó el PPD. El PDC estaba dispuesto a adherir a la candidatura de Lagos, pero no a la de Guillier, que carecía del tonelaje político para derrotar a Piñera. El PS exigió que el candidato único de la Nueva Mayoría se eligiera en una primaria de los cuatro partidos como condición necesaria para hacer una lista parlamentaria común. Era una competencia asimétrica: tres partidos contra uno. La directiva socialista sabía que la mayoría de los parlamentarios del PDC prefería una primaria, porque una lista única les daba más posibilidades de reelección. El PS condicionó mantener dicha lista a la realización de primarias.

Pero el PDC no se doblegó a esta presión: levantó una candidatura presidencial propia, la senadora Carolina Goic, y presentó una lista parlamentaria. El resultado fue magro en ambas elecciones, en la presidencial obtuvo un 5,88% (quinto lugar) y eligió 14 diputados. Guillier no lo hizo mejor. Logró un 22,7% en primera vuelta, superando estrechamente a Beatriz Sánchez, abanderada del Frente Amplio, y fue derrotado en segunda vuelta por Piñera, donde llegó a un 45,42% frente al 54,58%.

Hoy nuevamente el PS exige a la DC una primaria para elegir la candidata presidencial común y postula a Paula Narváez, exministra del segundo gobierno de Bachelet. También la levanta como condición para llevar una lista parlamentaria común. Pero hay una diferencia de poder que favorece al PDC: cuenta con una figura presidencial que logró una significativa visibilidad en la opinión pública y tiene experiencia en campañas electorales. En cambio, la candidata del PS no reúne ninguno de estos dos atributos.

La competencia electoral entre ambos partidos es distinta. Mientras la DC enfrenta competencia en la centroizquierda y no en el centro y en la centroderecha, porque abandonó estos dos espacios, el PS tiene una fuerte contienda en la izquierda, representada por el Frente Amplio, que surgió en el espacio abandonado por los socialistas en la izquierda. El PDC puede girar hacia su posición histórica y atraer votos del centro y centroderecha, porque los partidos de la derecha están muy debilitados por el pésimo gobierno de Piñera, en tanto el PS tiene límites en sus........

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