¡Periodicazo al Frankenstein!
En una reciente columna expresé que la formula vicepresidencial de Paloma Valencia y Oviedo, era una opción aceptable en aras de derrotar al mal mayor que representa Cepeda. Después de escuchar la entrevista que le hizo Luis Carlos Velez a Oviedo, mi posición actual es que, con base en mis principios, la dupla es Valencia y Oviedo, es moralmente inaceptable.
La posición de Oviedo sobre el tema de cambio de sexo, y terapias hormonales, me impiden apoyar este proyecto político. El conocimiento técnico por muy profundo que sea, tiene limitaciones y es incompleto. Muchos grandes pensadores a lo largo de la historia han advertido del peligro que representa el conocimiento sin un compás moral. Bernard Shaw decía que la ciencia carece de proporción moral. Es como un bisturí. Si se lo das a un cirujano o a un asesino, cada cual le dará distintos usos.
La posición de Oviedo sobre el tema mencionado obedece a falencias en otras áreas del desarrollo humano. La moral, la ética y los principios se construyen sobre el entendimiento de para qué fue creado el hombre; o sea, la finalidad que se persigue, y que ilustra todas las facetas que adoptamos a lo largo de la vida. Solo la filosofía es capaz de darnos ese entendimiento direccional, que, entre otras cosas, es el único capaz de darle integridad coherente al ser humano. El conocimiento que desconoce la dimensión metafísica humana, yerra frecuentemente y con consecuencias indeseables.
Cuando se entienden las falencias de Oviedo, se entienden sus posiciones sobre algunos temas. La terapia de hormonas para cambiar sexo no solo atenta contra natura, sino que tiene efectos nocivos a nivel de sociedad porque impacta negativamente instituciones como el matrimonio, la familia, entre otros muchos. Una visión deformada de instituciones tan fundamentales, abre la puerta a políticas públicas indeseables que destruyen el tejido social. Decir que se pueden hacer las terapias con el consentimiento de los padres es un despropósito.
Aunque la discusión en Colombia es más teórica todavía, yo lo vi en los Estados Unidos, y supe de casos que causan dolor. Primero, esas terapias son dolorosísimas, y segundo, revertir es casi imposible; el daño está hecho. El hombre no puede jugar a ser Dios porque esto siempre termina mal. La falta de un buen compás moral, en el caso de Oviedo, para mí lo descalifica.
Periodicazo para Valencia, que concibió en la Gran Consulta un Frankenstein santo-petrista cruzado con Centro Democrático, cuyo aborto es necesario; el único aborto que es pienso es moralmente justificado. De haber segunda vuelta entre Valencia y Cepeda, no votaré. Personalmente, prefiero el mal sin maquillajes de Cepeda, al mal disfrazado. Con el primero, sabría a qué y con quién me enfrento. La opacidad del proyecto Valencia y Oviedo le quitó la obviedad de mal mayor a Cepeda.
En las democracias se tiene el derecho a disentir, y no pretendo detentar la verdad absoluta; invito a reflexionar. La vida humana es el ejercicio permanente de nuestro libre albedrio, y elegir presidente es solo una de las aplicaciones colectivas de ese ejercicio. La verdadera libertad únicamente es posible con pleno conocimiento, y creo que para elegir bien a quienes nos gobernarán, no solo lo técnico y las competencias son relevantes. La valoración del candidato debe ser integral, siendo mucho más importantes que las competencias técnicas, los principios que orientan su pensamiento y su actuar.
Como ya lo expresé, pienso que la única forma de salir del sin salidas en que se metió Valencia, es declinar su candidatura y adherir a Abelardo antes de la primera vuelta. Entre más tiempo pase su vice bajo los reflectores, más se le notarán las arrugas. En mi opinión, Valencia jugó mal las cartas y por lo tanto debe asumir el costo político y personal de su equivocación. Es la grandeza que el país espera de ella. En otra ocasión será.
