Crónicas de Facundo ¿Tendremos paciencia?
El subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, evidentemente preocupado les pide paciencia a los venezolanos. Y reconoce la necesidad de acompasar el proceso de estabilización económica, que aún se reduce a la conquista de inversiones norteamericanas para las áreas petrolera y minera, con la transición hacia la democracia.
Tanto él como el secretario Marcos Rubio tienen claridad sobre lo anterior, por sus orígenes y vivencias – Landau conoce a Venezuela y la vivió con intensidad; ello, sin mengua de que actores internos en ambos países sigan forzando la barra para que todo cambie sin que cambie, a la manera del Gatopardo de Lampedusa: “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”, proponía Tancredi Falconeri.
Ciertamente, si no fuese porque destruyó toda la estructura de modernización alcanzada por el país durante el medio siglo previo a 1999, la mal llamada revolución bolivariana, suerte de sincretismo ideológico trasnochado con odios intestinos, estarían aplaudiendo tirios y troyanos, no sólo los mercaderes de adentro y los de afuera, tributarios de un cesarismo dilapidador o a quienes mucho les molestan los controles de una democracia en serio.
Salvando las distancias, la cuestión actual evoca a Antonio Guzmán Blanco, que aconsejado por el emisario de Estados Unidos en Caracas, el ministro Jehú Baker, en cuanto a que su nación “se hallaría dispuesta a proponerle al gobierno de Gran Bretaña el arbitraje de una tercera potencia” para resolver el entuerto de entonces sobre el Esequibo, en el año sucesivo, en 1883, le entrega a Horacio Hamilton y Jorge A. Philips la explotación del lago de asfalto de Guanoco, en el actual Estado Sucre. Han transcurrido 143 años y nos encontramos en el mismo sitio, ahora en manos de la Corte Internacional de Justicia.
Si ponemos de lado a las golondrinas del contemporáneo tráfico global de los negocios deslocalizados – mientras cursa una guerra económica entre USA y el Oriente, bajo la modalidad de guerra mundial de tercera o cuarta generación – ninguna empresa norteamericana seria, tampoco extranjera, invertiría en su propio territorio de no contar con lo que tiene, una sólida democracia y una Justicia que sólo las relaja el narcisismo digital junto a los crecientes enconos partidarios. Pero eso se olvida o se invierte como prioridad estratégica a propósito de Venezuela luego de la extracción de Nicolás Maduro y de Cilia Flores; y he allí la desconfianza que crece entre los venezolanos, luego de haber celebrado el evento y el sometimiento de aquellos a la jurisdicción federal de Nueva York, el pasado 3 de enero.
Pero Maduro y Cilia, a diferencia de los Rodríguez, más allá de que los primeros – como lo dicta la experiencia – en tanto que fieles discípulos de La Habana conjugaban los términos revolución con el tráfico internacional de drogas, éstos se amamantan en las fuentes del odio, del cinismo y de la venganza. ¿Son más confiables? Preguntamos.
Jorge, psiquiatra, manipulador de las emociones, con la frialdad de un sepulturero – señalados él y su hermana........
