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Crónicas de Facundo: La utopía de la libertad

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03.05.2026

Dos cuestiones ocuparon nuestra reciente moderación del diálogo sostenido con la expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla y el exsecretario de la OEA, Luis Almagro, tras inaugurar, bajo la égida del Miami Dade College y el respaldo del Grupo IDEA y del Instituto Atlántico de Gobierno de Madrid, el Institute for Freedom of The Americas.

Veintiún (21) líderes de la generación intermedia, provenientes de la región, fueron nuestros testigos e interpelantes. Una de dichas cuestiones fue la circunstancia bizarra de Venezuela, centro de referencia global de ese experimento que un muy estimado amigo alemán, Sebastián Grundberger, de la Fundación Konrad Adenauer (KAS), calificarse como La galaxia rosa (2024), hoy bajo tutela norteamericana. La otra, la emergencia en paralelo o como efecto del quiebre epocal ocurrido a partir de 1989, de un poder emergente y muy potente, con pretensiones de verse normalizado y transformado en actor internacional beligerante: la criminalidad trasnacional y estructurada del narcotráfico y el lavado global de los dineros de sangre.

Sería este el último fenómeno – cuando se ve amenazado reclama para los suyos de justicia transicional benigna – la expresión posmoderna del mal absoluto conocido por el siglo XX; ese que buscó justificarse en el derecho político al control de los grandes espacios (Grossraumordnung) bajo los regímenes de la mentira – la alemana e italiana durante el fascismo – que legalizaban las ilegalidades como fisiología del poder. Esta vez se blinda tras la soberanía de los Estados y los poderes constituidos que coopta y dispone bajo su égida y a su servicio, transando intereses con la potencias globales.

Lo relevante, tal como lo está demostrando la experiencia, no es sólo que dicho fenómeno insurge dentro de un contexto de debilitamiento y de pérdida de eficacia de las organizaciones multilaterales forjadas a partir de 1945, con el final de la Segunda Gran Guerra, sino que, sobrevenida la incapacidad normativa del Derecho internacional contemporáneo para subsumir a esa realidad disolvente de lo social y de lo político para poder conjurarla, la lógica de los hechos y la de la relación amigo/enemigo, tal como la visualizó en su momento Carl Schmitt, hacia 1939, vuelve por sus fueros e impera. La acción unilateral se hace regla ante el retraimiento y la insuficiencia normativa, o ante el temor o la misma colusión de los Estados integrantes del sistema multilateral, v.gr. el de Naciones Unidas en su franca declinación.

Mientras las sociedades nacionales se pulverizan y dispersan en identidades transnacionalmente transversales, se fortalece el fenómeno universal de las migraciones, y los leviatanes modernos – los llamados Estados Nación – resultan pesados para controlar sus propias coyunturas, que no sea mediante la abrogación del Estado de Derecho y el ejercicio de la represión. Todavía menos tienen poder real como para pretender darle un curso distinto a la dinámica global en avance y que los aplasta. Sobre todo, por cuando esta, a la vez de favorecer la deconstrucción cultural, promover el mundo de los sentidos y de anestesiar a la razón humana con sus algoritmos, disuelve los espacios con su virtualidad mientras hace desaparecer el sentido y el valor socialmente integrador del tiempo social, imponiendo la cultura de lo instantáneo.

Y como de lo que se trata no es de llover sobre lo mojado, sino de arbitrar explicaciones y diagnósticos que ofrezcan una clave o un astrolabio a fin de que el género humano, en el marco de la incertidumbre que le atenaza encuentre los equilibrios que le devuelvan la autoridad sobre su destino, resulta de imperativo que nos preguntemos, otra vez y como lo hicieran los antiguos, sobre la utopía de........

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