Irán: cuando los sistemas polÃticos âya no aguantanâ ni a sus mujeres
Algo tiene enero para Irán. O para Persia, si se prefiere el nombre que evoca promesas de modernidad que siempre acaban mal. En enero de 1979 cayó el Sha Mohammed Reza Pahlavi, expulsado no por elecciones ni por partidos, sino por multitudes en las calles. Este enero, otra vez, el régimen iranà vuelve a crujir. Los calendarios no derrocan gobiernos; el hartazgo sÃ.
La Revolución iranà nació con un discurso redentor: justicia social, austeridad moral, soberanÃa popular. Prometió corregir los excesos del autoritarismo monárquico. Lo que hizo fue perfeccionarlos bajo una nueva estética. Se fue el lujo ostentoso del Sha; llegó la solemnidad clerical. Cambió el uniforme del poder, no su naturaleza.
Conviene recordar -sin nostalgia ingenua- que el régimen del Sha impulsó crecimiento económico, industrialización acelerada, expansión educativa y un Estado fuerte, todo financiado por la renta petrolera. Irán llegó a ser una potencia regional con uno de los ejércitos más grandes del mundo. Pero el desarrollo sin libertades y la concentración obscena del privilegio incubaron su propia caÃda.
La represión fue el punto de no retorno. El Viernes Negro de 1978, cuando el ejército abrió fuego contra manifestantes........
