Caída de Orbán: ¿miedo en la ultraderecha?
Hungría no pesa demasiado en la economía europea y su población apenas equivale a la de Ciudad de México sin zona metropolitana. Pero lo que ocurrió ahí el 12 de abril puede alterar el clima político de Occidente.
Viktor Orbán, tras dieciséis años en el poder, no perdió solo una elección: perdió el experimento iliberal más exitoso, duradero e influyente de la Unión Europea.
El partido Tisza, encabezado por Péter Magyar, obtuvo más del 53% del voto, ganó 95 de los 106 distritos y se quedó con 138 de los 199 escaños del Parlamento. La participación alcanzó 79.5%.
Para sacar a Orbán no bastaba vencerlo: había que desbordar un sistema diseñado para impedir la alternancia, y ocurrió.
Orbán fue admirado por la nueva derecha global porque parecía haber resuelto un dilema central: cómo vaciar la democracia desde dentro preservando sus formas.
Su gobierno conservó las urnas mientras colonizaba tribunales, redibujaba distritos, sometía medios, disciplinaba universidades y convertía al Estado en una maquinaria de patronazgo. Hungría dejó de ser una democracia liberal funcional y se convirtió en una autocracia electoral con vocabulario soberanista.
Por eso su caída lo rebasa. Orbán fue, para Trump, Netanyahu, Abascal,........
