Empezó el tiempo del miedo
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Miedo, ese parece ser el signo de este gobierno en sus primeras tres semanas. Yo siento a Abelardo con miedo, mucho miedo, miedo físico y real. Lo intuí desde su primer discurso, en Barranquilla, al ganar la primera vuelta, cuando decidió hablar detrás de un potente vidrio antimotines y antibalas. Y lo vemos todos los días en la parafernalia de sus desplazamientos, con soldados prácticamente cubriéndolo con escudos, el uso permanente de helicópteros aun para trayectos breves y de nuevo los cristales muy gruesos en otras apariciones. Siempre me ha parecido el miedo una emoción muy respetable, que en sí misma no merma la dignidad de nadie y que no necesariamente es cobardía. Lo evidente es que sí contrasta con su personalidad desparpajada, su sentido costeño de la cercanía y el contacto.
Pero si Abelardo tiene miedo, no es comparable con este que hemos comenzado a sentir muchos ciudadanos comunes y corrientes frente a varios indicios, puntuales pero claros, de lo que se avecina en estos cuatro años. De entrada, aclaro que el temor es consustancial a la idea del Estado como fuerza coercitiva y contenedora del Leviatán del que hablaba Hobbes. También, que es altamente deseable que los corruptos sientan miedo, que se asusten los grandes criminales.
Sin embargo, nuestro miedo hoy, el de muchos, no es ese miedo a actuar mal, a transgredir la ley sino a ser diferente, a ser diverso, a........
