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El tiempo que perdiste conmigo

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20.04.2026

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Esta semana mi exesposa y mi exnovio cumplieron años el mismo día, un quince de abril, ella cincuenta y ocho años, él cuarenta y ocho. Atravesado por las dudas, que es como suelo sobrevivir, les escribí breves y sentidos correos, saludándolos por su aniversario, pero, como era de suponer, no me respondieron. Eligieron rencorosamente no agradecerme porque no me consideran un exesposo o un exnovio convertido en buen amigo. La verdad es que me ven como un enemigo.

Me he ganado a pulso esa hostilidad. Me he portado mal con ella y con él. Aunque ahora mismo no las recuerdo, he escrito cosas sobre ellos, o contra ellos, que no debí publicar. No me refiero solamente a novelas, sino también a columnas periodísticas, que, en mi caso, son novelas por entregas, novelas que nadie me paga y casi nadie lee. A mi exesposa, empresaria hotelera, le rendí un homenaje tardío e incomprendido, la novela El huracán lleva tu nombre, pero a ella le disgustó verse desdibujada literariamente y, desde entonces, me consideró un soplón y un felón, alguien que no sabía guardar secretos, un asaltante de la intimidad, un pirata que saltaba de cama en cama. A mi exnovio argentino, escritor de revistas de modas, le dediqué unas líneas melancólicas en El canalla sentimental y, tiempo después, ciertos pasajes amargos, despechados, en El niño terrible y la escritora maldita.

Podría decir, tratando de salvar el honor, que yo dejé a mi exesposa y, años más tarde, rompí con mi exnovio. Mentiría. Así no ocurrieron las cosas. Mi exesposa se hartó de mí, me abandonó y se marchó con nuestras dos hijas a la ciudad del polvo y la niebla, a cinco horas en avión desde la isla en que vivíamos; la misma isla donde, por pura pereza, elijo seguir viviendo. El argumento que esgrimió para dejarme fue demoledor: “Eres un pésimo amante, el peor amante que he tenido”. Me espetó esa acusación porque, después de amarnos, yo a veces rompía a llorar y le decía que, además de estar con ella, quería enredarme con un hombre incierto, imaginario, un hombre que me procurase placeres innombrables que ella........

© El Espectador