Suspiros
El otro día recordé una conversación sobre quiénes éramos hace quince años. Y me hizo gracia, porque una se recuerda con la solemnidad de una ... película antigua, como si hubiera entrado en la vida con un abrigo largo, una música importante de fondo y un destino aguardando en una esquina. Y no. La verdad suele ser bastante menos cinematográfica: seguramente llevabas prisa, dormías poco, mirabas el reloj demasiado y te peinabas con la dignidad que permite un espejo de baño a las siete de la mañana. Pero ahí estabas, siendo, sin saberlo, una versión preliminar de ti, un borrador lleno de tachones y entusiasmo, de miedo y de hambre, de humildad y de esa especie de fe testaruda en que la vida, si apretabas los dientes, acabaría abriendo una puerta.
Piensa en ti hace quince años. Qué hacías. Cómo eras. Qué soñabas a escondidas. Qué cansancio te acompañaba ya sin haber cumplido del todo la edad del cansancio. Tal vez ibas deprisa. Tal vez subías unas escaleras con sueño. Tal vez tenías la vaga sensación de que la vida verdadera estaba un poco más allá, esperándote detrás de una puerta, de una llamada, de un contrato, de un golpe de suerte que, por supuesto, exigiría después una barbaridad de esfuerzo. Porque esa es otra de las bromas finas de la existencia: las oportunidades, cuando al fin llegan, no suelen venir montadas en un caballo blanco, sino vestidas de responsabilidad y con cara de lunes.
Yo recuerdo perfectamente cómo........
