Un pogromo tras otro
'Pogromo', palabra de origen ruso, significa devastación o destrucción violenta con motivación xenófoba o racista. Su aparición remonta a las cacerías humanas en época ... zarista contra las minorías étnicas y religiosas, y más genéricamente conceptúa las masacres antijudías en Europa desde la Edad Media. Sabido esto, la existencia de pogromos con los judíos no como víctimas sino como victimarios constituye toda una novedad histórica. Trágica novedad a la que hoy asiste un Occidente una vez más indiferente.
Días pasados, un grupo de antiguos altos mandos del Ejército israelí y de los servicios de inteligencia elevó un dramático llamamiento a la jerarquía militar para que detenga los «actos de violencia y de terrorismo que cometen colonos judíos contra palestinos en Cisjordania». Denuncian un sistema «cotidiano, permanente y aterrador» de «amenazas y atentados contra vidas y bienes». Actos que definen, literalmente, como «puros y auténticos pogromos» amparados desde instancias oficiales.
Sus firmantes no son supuestos 'antisemitas' (rutinaria descalificación del gobierno de Netanyahu hacia los extranjeros críticos con su política), sino altas personalidades del Estado hebreo con extensa hoja de servicios. Y cuyo testimonio ha sido corroborado por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU que esta misma semana alertaba de una «limpieza étnica» en marcha en los territorios ilegalmente ocupados por Israel desde 1967.
Ni debemos ni podemos olvidar que hace menos de un siglo sobre el pueblo judío se abatió el más espeluznante de los pogromos, el Holocausto. Millones sucumbieron a la barbarie nazi sin que ningún derecho internacional les protegiera. De ahí que entre sus descendientes haya quienes piensen que para que la hecatombe no se repita deben comportarse igual que sus verdugos (rusos, nazis, inquisidores cristianos... tantos otros). 'Víctimas históricas', consideran sus crímenes como legítimos actos de defensa a los que les incita la perversa estrategia de un Estado colonialista que instrumentaliza el sufrimiento de sus ancestros convirtiéndolo en justificación de aspiraciones anexionistas y patente de corso de un poder basado en la fuerza destructiva que descarga sobre pueblos indefensos.
¿Se podrá evitar que los niños supervivientes de Gaza, de Cisjordania, del Líbano, engrosen las filas de los Hamás y los Hezbolás de mañana? ¿Cómo haremos para que la palabra 'sionismo' no signifique para las generaciones venideras lo mismo que para nosotros significó 'nazismo'?
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