La economía del engaño
El Gobierno nos repite todos los días –con una insistencia que roza la autosugestión– que la economía va mejor que nunca: crece el PIB, se baten récords de empleo, el turismo vuelve a ejercer de salvavidas y los ministros desfilan por los micrófonos como si el país hubiera encontrado por fin la fórmula de Fierabrás para instalarse en el éxito. Pero ese relato solo describe parte de lo que ocurre, oculta la realidad completa, nos engaña. Porque hay otra realidad distinta, cada vez más amplia, que queda fuera del encuadre. Y entre ambas se abre una brecha que ya no es coyuntural, sino estructural.
El crecimiento existe, negarlo sería también faltar a la verdad. Lo que se discute es la calidad de ese crecimiento y –sobre todo– su capacidad para afectar al conjunto de la sociedad. El modelo sobre el que se apoya sigue siendo el de siempre: turismo, hostelería, comercio y transporte, sectores intensivos en mano de obra barata y bajo valor añadido que concentran alrededor del 40 por ciento del PIB. Es un crecimiento que crea empleo, pero empleo precario, mal pagado y con una productividad estancada. Por eso los salarios no despegan, la desigualdad........
