Cuando un gobierno deja de comunicar, también deja de gobernar
Al momento de escribir esta columna, Bolivia cumplía 50 días de conflictos con bloqueos que mantienen paralizadas a las ciudades de La Paz y El Alto y han sumido al país en una crisis de consecuencias devastadoras, sobre la cual ya se ha escrito ampliamente.
Estrategas, periodistas y académicos coinciden en que, desde el inicio de su gestión, el Gobierno ha mostrado serias deficiencias en materia comunicacional. Esa debilidad se hizo aún más evidente durante la crisis: no construyó un relato coherente, dispersó sus vocerías, emitió mensajes tardíos, reactivos y, en muchos casos, contradictorios.
También guardó silencio en momentos cruciales, no actuó con suficiente transparencia, fue incapaz de identificar y explicar oportunamente quiénes estaban detrás de varios hechos delictivos y tampoco consiguió traducir decisiones complejas en mensajes claros y comprensibles.
En lugar de transmitir certidumbre, ofreció discursos extensos, desprovistos de una narrativa concreta. Como resultado, su comunicación no ayudó a contener la turbulencia política y social, sino que terminó agravándola.
Igualmente,........
