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Poder

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08.01.2026

La detención de Nicolás Maduro marcó un punto de quiebre. No solo porque haya caído un dictador, sino porque lo que vino después dejó al descubierto algo más profundo: el poder ya no está dialogando con el sistema; está operando por encima de él.

Lo que desconcierta hoy no sólo es Maduro. Es también Donald Trump enfrentándose al derecho internacional, a las formas clásicas de la diplomacia y a las expectativas políticas de millones de personas, dentro y fuera de Venezuela.

Para muchos venezolanos y latinoamericanos, la escena fue profundamente significativa. Emoción, alivio, lágrimas, banderas, sensación de cierre. Es la expresión de un dolor acumulado durante años. Durante demasiado tiempo, el sistema internacional fue incapaz de ofrecer una salida clara a una crisis que se prolongó más allá de lo tolerable. Trump, en cambio, actuó. Y ese contraste -acción versus espera- pesa hoy más que cualquier discusión jurídica.

Pero ahí comienza también la incomodidad.

En una misma jugada, Trump desordena todas las legitimidades al mismo tiempo. No reconoce a María Corina Machado como........

© El Dínamo