Ante Venezuela, solo debe preocupar una cosa: el silencio de China
Para los que han seguido estos últimos años por WhatsApp ‘La Mañana de McCoy’, saben que una de las tesis que hemos acogido con más ‘entusiasmo’ es que estamos en una nueva Guerra Fría donde los contendientes son China y Estados Unidos. Tampoco había que ser Einstein, la verdad, pero dicho queda.
Una batalla que se libra en distintos frentes: geográfico, tecnológico, financiero o en la lucha por los recursos naturales y donde, como en cualquier tablero de ajedrez, el movimiento del rival exige una respuesta que resulta ridículo pensar que se limite a condenar una ‘violación de la legalidad internacional’ como ha afirmado China con la intervención en Venezuela por parte de Trump.
Que aquí el ‘derecho’ se usa solo cuando conviene, oiga. Puro oxímoron.
Para el régimen comunista no es baladí lo sucedido en el Caribe, por más que esté lejos de su zona directa de influencia. Entre otros,
Sea como fuere, pensar que en un entorno como el descrito las cosas van a quedar como están sería ilusorio. Salvo, y esta es una tercera explicación bastante plausible: que los chinos crean, cosa que no es difícil de hacer, que en el jardín en el que se ha metido Trump va a ser difícil salir sin llevarse clavadas muchas espinas. No en vano, esto no son los 70 del siglo pasado, ni las experiencias similares en otras regiones del mundo han funcionado demasiado bien, con vueltas progresivas a la casilla de salida.
Veremos.
En cualquier caso, muy Feliz 2026 a todos. Lo mejor está siempre por llegar.
Por lo demás, en ‘La Mañana de McCoy’ de esta semana nos hemos entretenido en alguna otra cosa que lo mismo les sirve para liderar la conversación (para estar en la lista, lean hasta el final del post).
2026 será el año de Meloni, pero no por lo que los italianos piensan…
Vamos a aventurarnos, que hacer pronósticos es gratis: 2026 va a ser el año de Meloni… si la economía italiana le deja, claro está.
Ante la falta de líderes a nivel europeo y con el ascendente en la región de quien fuera su predecesor en el cargo, Mario Draghi, no se aventuran otras alternativas para tratar de sacar a Europa del pozo de irrelevancia en el que está y tirar de su carro.
Puede que no sea su intención, me atrevería a decir que no es su intención, pero, al igual que ocurre con Isabel Díaz Ayuso en Madrid, cumple con tres requisitos: pragmatismo político, orientación ideológica alineada con las nuevas corrientes y defensa de los valores que nos han traído hasta aquí, amén de carácter y valentía.
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