León XIV, del papismo al papanatismo
Monseñor Roberto Tucci conocía mejor que nadie los riesgos de la popularidad pontificia. Jesuita, hombre de confianza de Juan Pablo II y organizador de sus grandes viajes internacionales, contemplaba los baños de masas del pontífice polaco con una mezcla de orgullo y desasosiego. Le inquietaba que la celebridad terminara eclipsando el mensaje. Y resumía el problema con una observación memorable: "Me parece que a la gente le gusta más el cantante que la canción".
Han transcurrido varias décadas desde aquella reflexión, pero la visita de León XIV a España demuestra hasta qué punto conserva vigencia. Bastaba observar la reacción del Parlamento. De pie, entregado, absuelto de dudas por la liturgia del acontecimiento. Como si el Papa hubiera pronunciado una homilía consensual destinada a confirmar las convicciones de todos los presentes. Como si hubiera acudido a bendecir el estado de las cosas.
Ocurrió más bien al contrario. León XIV compareció con exquisita cortesía y con una claridad doctrinal difícil de malinterpretar. Habló de la dignidad humana desde la concepción hasta la muerte natural. Reivindicó una visión de la persona incompatible con buena parte de las leyes que hoy organizan el consenso político español. Reafirmó principios que conciernen al aborto, a la eutanasia, a la antropología sexual y al concepto mismo de familia. La claridad doctrinal clausuraba la coartada del malentendido.
El aplauso sonó entonces como si el contenido apenas importara. Nadie habría ovacionado ese mismo discurso si lo hubiera pronunciado el arzobispo de Burgos, el de Huelva o cualquier prelado sin aura global. La intervención habría sido recibida como una injerencia clerical,........
