Dos maneras de perder la guerra (Trump y Sánchez) y otra de ganarla (Netanyahu)
Donald Trump ha perdido la guerra de Irán porque en los Estados Unidos sigue funcionando una democracia resistente a su autocracia. Las salvajes amenazas del presidente, según las cuales sería capaz de destruir nada menos que ‘una civilización’ y arrasar el país, no podían ser validadas por los contrapesos del Estado. Y no solo por los intereses económicos en juego, sino también por los políticos e, incluso, los morales. Los amortiguadores del sistema político y constitucional estadounidense, aunque deteriorados por el despotismo trumpista, siguen siendo efectivos.
El Tribunal Supremo tumbó en febrero pasado la política de aranceles que Trump articuló mediante órdenes ejecutivas y al margen de la Cámara de Representantes y del Senado. Y la Casa Blanca también tuvo que ceder a la presión de la opinión pública y neutralizar la brutalidad de la policía antiinmigración (ICE) que perpetraba en Mineápolis auténticos linchamientos. En ese contexto de reequilibrio del modelo constitucional norteamericano, hay que insertar la decisión de Trump de aceptar los diez puntos del régimen de los ayatolás para acordar un alto el fuego de dos semanas.
El republicano (que despliega una presidencia ‘imperial’ que recuerda vagamente a la de Nixon, como advertía aquí Argemino Barro) sentía el aliento en el cogote de un posible impeachment (proceso político parlamentario destituyente), incluso la activación de la vigesimoquinta enmienda constitucional que contempla la incapacitación del........
