Chavismo inmaduro
El chavismo tenía la ambición de ser una síntesis doctrinaria, que tomara forma de régimen y que pudiera volverse una identidad política militante. Procuraba superponer ideologías: una actualización del socialismo para el nuevo siglo, un rebranding del antiimperialismo etiquetado como bolivarianismo, capaz de ‘liberar’ a toda América Latina (Brasil pre Lava Jato incluido). (Véase la imagen del boneco gigante del libertador en el sambódromo de Río de Janeiro en el 2006). Buscaba ser el faro guía de la izquierda iberoamericana en los mares oscuros del neoliberalismo que huele a azufre. Trocó al barbudo revolucionario por el ‘outsider’ plebiscitario. Mantuvo el verde olivo como atajo cognitivo de mano dura, las venas abiertas como resentimiento refundacional. Llevaba el apellido de su fundador como su raíz, y la pretensión ideológica como sufijo. Quería ser el ideal hecho realidad, camino y destino, motor y motivo.
El patriarca dejó un delfín, made in Cuba. Nicolás Maduro representa la distopía del hombre común hecho líder, donde la lucidez intelectual parece inversamente proporcional a la lealtad. El chófer de autobús sindicalista fue adiestrado........
