Dejemos de exotizar a América Latina
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1 y 8
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6 y 9
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Por Javier Mejía Cubillos mejiaj@stanford.edu
Durante décadas, América Latina ha sido interpretada como un lugar exótico. Es imaginada como una tierra de pasiones desbordadas, donde se ama y se odia con intensidad primitiva; un lugar donde el cuerpo domina a la razón y la vida transcurre entre el baile, el canto, y el sudor. A menudo se le añade una pizca de magia a esa visión, describiendo a sus habitantes como personajes de ficción antes que ciudadanos de sociedades modernas y a los sucesos que les ocurren como eventos imposibles de presenciar en un mundo racional. Es una imagen seductora, pero profundamente dañina. Quiero explicarles por qué.
Para empezar, sirve reconocer que este modo de mirar la sociedad no es nuevo ni exclusivo de América Latina. Forma parte de una tradición intelectual más amplia mediante la cual el Sur global ha sido convertido en objeto estético y emocional para el consumo del Norte. A lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, durante el apogeo del imperialismo europeo, el Medio Oriente ocupó un lugar central en ese imaginario. Viajeros, administradores coloniales, artistas y académicos describieron la región como un espacio de sensualidad, fanatismo y misterio; un mundo regido por pasiones ancestrales más que por cálculo o razón. Autores como Edward Said mostraron cómo esta exotización no era una simple........
