Discriminar a los enfermos castigados
Por: Johan Steed Ortiz Fernández
Uno no debería asustarse por sentirse mal o contraer una enfermedad. Lo que cada ciudadano paga mes a mes por salud debería alcanzar para una atención digna y oportuna. Pero en Colombia, tras cuatro años de “gobierno del cambio”, la enfermedad de fondo sigue intacta: corrupción, saqueo de recursos públicos e incapacidad institucional. Y así logramos lo imperdonable: convertir la enfermedad en culpa y al paciente en estorbo.
Hoy, estar enfermo (o heredar una enfermedad crónica) parece una falta. Como si la vida fuera un trámite y el dolor un “pendiente” dentro de un sistema que ya no protege: administra excusas. Nadie elige cáncer, diabetes, insuficiencia renal, epilepsia o depresión. Nadie “se gana” una enfermedad para merecer filas eternas, llamadas sin respuesta, autorizaciones humillantes o la frase más peligrosa del país: “vuelva la próxima semana”. El código penal es claro y habla de fraude a resolución judicial, omisión de socorro y prevaricato por omisión. Una vergüenza institucional está situación evitable que cuesta vidas.
Mientras a la ciudadanía le piden paciencia, el Estado improvisa con lo esencial, gasta en lo accesorio y “revisa” mientras el paciente se deteriora. Y cuando todo estalla, aparece el deporte nacional: culpar al pasado.
Pero........
