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Goyo y la madera policromada

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28.03.2026

28 de marzo 2026 - 05:30

LOS que saben de esto dicen que es el mejor batería que hay en la ciudad. “Con diferencia”. Miguel Ángel Campos, alias Goyo, ha tocado en grupos como All La Glory y Roper Casino “y ahora se va de gira con un americano de trapío, junto con el Pera”, me informa un topo urbano. Pero si hoy lo traigo a estas páginas no es para hablar de música, sino de Semana Santa. Estas mescolanzas, al menos desde Silvio y su legendario disco Fantasía occidental, no chocan en Sevilla, como sí a algún reportero de la prensa progresista del país, que se queda maravillado de que a los ateos se les ponga la carne de gallina al paso triunfante de una Dolorosa (curiosa paradoja).

A Goyo, que milita en el capillismo heterodoxo (si es que hay alguno que no lo sea), le consultaron con malsana curiosidad si creía en Dios, que es una pregunta tan impertinente como preguntarle a una dama si todos sus encantos son naturales. Y el batería, en uno de los momentos más sublimes de los anales eclesiásticos de la ciudad de Sevilla, contestó: “Si es de madera policromada, sí”. Y aquí llegamos a una cuestión central de la ciudad y sus habitantes, su relación de amor con la madera policromada. No se crean que es un fenómeno universal. Xavier Bray, ex conservador de la National Gallery de Londres y actual director de la Wallace Collection me contó en cierta ocasión, tomando un café en el Bar Giralda (antes de ser tomado al asalto por el turismo), las reticencias que en el gran museo británico de las bellas artes se le puso a su empeño en organizar una muestra sobre la imaginería barroca española. Los muy herejes consideraban la madera policromada como un arte menor frente al divino mármol de Fidias o Canova. También como algo bárbaro y desagradable por realista y sangrante, propio de esbirros papistas y de idólatras meridionales. Aún así, Bray consiguió hacer su exposición y fue un éxito.

El sevillano venera la madera policromada como los zoroastras adoran el fuego. No porque sean tan memos de pensar que ese cacho de madera muerta es Dios, sino porque la consideran una hierofanía, una manifestación de lo sagrado en este mundo que se han empeñado en desencantar. Toda esa pesadez de las identidades está muy bien, pero hay algo más. ¿Por qué si no el mejor batería de la ciudad iba a tener en su perfil de su whatsapp el ojo de la Macarena?

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