"Nadie pensaba que un nacionalismo intransigente y criminal iba a matar años después a Caballero por tener ideas diferentes, dignamente democráticas y defenderlas con valor"
El veterano político Anasagasti, voz de un PNV de otra época, la del exilio, la de gentes como Aguirre o el mismo Galíndez, ese personaje de novela que desapareció a manos de Trujillo, en Dominicana, un tiempo y unas historias que se van perdiendo en la bruma, ha recordado en su blog, al hilo de la miserable foto de la Korrika, la de un niño convertido en pancarta para ensalzar a un asesino -hace falta tripas para soportar algo así y seguir pagando los gastos- otra foto del año 1977, en la que se ve a Tomás Caballero, víctima de aquel asesino, junto a Manuel Irujo, recién vuelto del exilio, recibido en el ayuntamiento de Pamplona. Y en la foto se ve también a Urmeneta, otra figura extraordinaria, de muchas vidas paralelas, y Anasagasti, que estuvo allí ese día, recoge las palabras de Caballero, alcalde accidental, dando cariñosa acogida a Irujo a su tierra tras casi 40 años de ausencia y recuerda que fue un gran discurso y que Irujo estaba emocionado.
Fue aquel un encuentro que auguraba muchas cosas: la reconciliación y el futuro común y en libertad que se abría por delante. Nadie pensaba que un nacionalismo intransigente y criminal iba a matar años después a Caballero por tener ideas diferentes, dignamente democráticas y defenderlas con valor, sin achantarse, y que todavía hoy tengamos que sufrir a quienes disculpan y aplaude aquello, como un mal que nunca se cura. Y el propio Anasagasti invoca las palabras de María Caballero, quien se pregunta qué nos queda por ver, y dice Anasagasti que es una vergüenza que nadie en la organización de la Korrika sea capaz de tener un sentimiento hacia las víctimas, y que la pancarta no es un caso aislado, y que hay que decirlo y denunciarlo. Fue en el Madrid republicano donde Irujo, ministro de justicia, se destacó poniendo coto a las matanzas indiscriminadas de oponentes políticos, e intentó acabar con las checas y los paseos, enfrentándose a los verdugos, aunque estos fueran de su mismo bando. Una lección de dignidad y coraje para el que quiera escucharla.
