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Citas

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17 de abril 2026 - 03:07

Da vértigo pensar en esto: en un solo espacio y tiempo podemos ver todo aquello con lo que hemos interactuado de una u otra forma, todos los animales que nos hemos comido, todas las personas que nos hemos cruzado, todos los segundos, volcados en un profundísimo pozo, que hemos perdido.

Casi todo de todo esto lo olvidamos. Me pregunto cuántas páginas he leído, y qué aspecto tendrían puestas una sobre la otra. Me pregunto si he aprendido algo de ellas. Diría que sí, pero no sabría decir muy bien el qué. Todo lo que se ha quedado conmigo ya no es nada más que yo mismo. Leemos como quien riega la tierra: el agua se hace tierra, el verbo se hace carne.

Hace muchos años, cada vez que terminaba un libro, apuntaba las frases que más me habían llamado la atención y me las mandaba al correo electrónico. Tengo una carpetita con todas ellas. Juro que no recuerdo nada de la mayoría de los libros que registré, ni siquiera esas mismas frases: “No hay nada capaz de hacer que una bolsa vacía se sostenga en pie.” (Mantícora, de Robertson Davies); “Tenía los dedos húmedos, como si los hubiera metido y sacado de la oscuridad.” (Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac); “Cuando se rompe un voto, al igual que cuando se pierde la inocencia, se incurre en algo irreparable de lo que más vale sacar ventaja.” (El plantador de tabaco, de John Barth). Y así con tantas otras.

Cada una de esas frases es la fotografía de una emoción: reconocimiento, extrañeza, deslumbramiento. Todas esas emociones se han perdido. ¿Yo sigo siendo yo? ¿O somos muchos los que nos vamos dando el relevo dentro de esta caja de piel que anda y que piensa que es una sola? ¿Olvidaré algún día estas dos citas incluidas en Poética musical, el libro que recoge seis conferencias de Stravinski sobre la música?: “Sé que todavía hay música dentro de mí. Debo darla. No puedo vivir una vida que sólo recibe” (Stravinski).

“En todo lo que se inclina graciosamente es preciso que haya un esfuerzo de rigidez. Los arcos son bellos cuando se curvan sólo porque tratan de mantenerse rígidos. El rigor, al ceder un poco, como la Justicia inclinada hacia la Misericordia, constituye toda la belleza de la tierra. Todas las cosas tratan de ser rectas y, por fortuna, ninguna lo puede. Tratad de crecer derechos y la vida os doblegará” (Chesterton).

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