Los pájaros en Ibiza
Los petirrojos comienzan a marcharse de Ibiza. En primavera prefieren parajes más frescos para criar, aunque durante el invierno disfrutamos de su presencia en la isla. Son muy fáciles de reconocer por la mancha roja de su cara y pecho. Las esbeltas garcetas son también bastante frecuentes en Ibiza. En Santa Eulària pueden encontrarse en primera línea de costa buscando alimento, descansando en zonas rocosas o incluso formando grandes bandadas en el área donde se acumula biomasa junto a la carretera de Santa Eulària, cuando la lluvia llena de charcas el lugar. Los cormoranes también viven todo el año en la isla, y verlos cazar bajo el agua es asombroso. Las garzas reales a veces se dejan ver en el río. Son majestuosas. En alguna ocasión me he sentado con mi hijo a contemplarlas durante un buen rato desde la orilla, observando cómo pescan o esperando a que levanten el vuelo. Por la zona también pasea siempre un pavo real junto a patos silvestres, fochas, gallinetas e incluso algún zampullín que nada en sa Font d’en Lluna. Ya en el Parque Natural de ses Salines, las colonias de flamencos que nos visitan ofrecen uno de los espectáculos más bellos de la naturaleza: grandes, elegantes, con sus inconfundibles plumas rosadas. Los gorriones, los más urbanos, viven con nosotros en parques y bares. Son descarados y se posan sobre las mesas en busca de migajas de pan. Pero si hay un pájaro que me despierta una simpatía especial, esa es la abubilla. Es de color marrón, con franjas negras y blancas en alas y cola. Su cabeza está coronada por un penacho. Hace unos días, mientras conducía, una cruzó delante de mí con su vuelo errático y ondulante. Aunque, si me preguntan por uno de los avistamientos más espectaculares que recuerdo, tengo que decir que fue en Salamanca, cuando una bandada de cigüeñas sobrevoló mi cabeza. Siempre asocio el avistamiento de aves con buenos presagios, y realmente lo son. Las aves nos recuerdan que el aire aún es puro, que todavía existe un paraíso en el que mojar sus alas.
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