Linchar a un escritor
«¡Es que lleva boina!». Ojo al argumento de increpación, que se las trae. Que lleva boina. El último cabo al que se han agarrado los odiadores profesionales también tiene base textil. A David se le ha ocurrido decir que no entiende que los hombres no lleven falda, por ejemplo entre los calores que azotan su Jaén natal, y allá ha ido la marabunta a llamarle loco y desviado, entre otras lindezas. Añade que una vez se compró una falda, pero que nunca se ha atrevido a estrenarla por el qué dirán. Si le diera por hacerlo ahora, que es tan famoso, no me extrañaría que alguien pasara del ataque verbal al físico. «¡Es que lleva una falda!». Entiendo perfectamente que le dé miedo a estrenar su falda, igual que entiendo perfectamente que se vaya a pirar de España.
«¡Es que se pone una cuerda de cinturón!». Es posible que David también maldiga el día que posó para esa foto que también se ha hecho viral en las numerosas corrientes venenosas que enervan las redes sociales, esas que lo dejan todo pringado de odio a su paso. Y de odio anónimo, para añadir la cobardía a la mezcla sulfurosa. ¿Alguien le ha visto meterse con alguien? ¿Lanzar un solo insulto para contrarrestar todos los que recibe?
Pero, ahí David, te ha tocado como enemigo al académico Arturo, autoerigido en faro carpetovetónico. ¿Sabían que don Arturo tiene muchos libros y que acostumbra a leerlos con frecuencia? David se negó a debatir sobre un escenario con determinadas personas y eso fue el principio del fin. ¿Se imagina que le invitan a debatir sobre un escenario con un vecino que no traga? ¿Cómo se sentiría si se le lanzaran a la yugular solo por negarse a ello?
Por rojo, por maricón y por hombre blandengue, que decía el Fary. Por eso linchan a David, mientras él mantiene a duras penas esa sonrisa donde casi se le cuela el flequillo. Apalear así a un escritor es grave, y es triste, pero desde que las redes sociales irrumpieron en nuestras vidas parece que ya da todo igual. Y que conste que lo de la falda yo también lo he pensado más de una vez en plenacanícula. Con lo fresquito que iría...
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