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Esta Luna se nos queda corta

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09.04.2026

09 de abril 2026 - 03:04

Para la generación que asistió, con la emoción que solo son capaces de sentir los niños, a la llegada del hombre la Luna en una calurosa madrugada de julio de 1969, lo de ahora con el Artemis II se nos queda corto y la propaganda desplegada en torno a este viaje nos suena un poco a timo. Ha pasado ya toda una vida y todavía las imágenes en tembloroso blanco y negro de Neil Armstrong descendiendo por la escalerilla del módulo lunar permanecen en la memoria como si hubieran sucedido ayer, como han quedado fijadas con la misma fuerza las palabras del astronauta al pisar suelo lunar que para los españoles de esa época llegaron a través de la voz entrecortada de Jesús Hermida y el paseo a saltitos antes de desplegar en medio de una desolación absoluta la bandera de las barras y las estrellas.

El de ahora es, seguro, un viaje mucho más importante, desde el punto de vista tecnológico y científico contempla una misión a largo plazo para el establecimiento de una base permanente y, sobre todo, sirve para demostrar a China quién manda en el espacio, aunque los chinos no se vayan a conformar como se conformaron los soviéticos al final de los sesenta. Pero desde el punto de la épica, este viaje se queda muy lejos del que en 1969 hicieron Armstrong, Aldrin y Collins y nada se va a hacer en él que no se haya hecho antes. Los astronautas orbitaron la Luna por primera vez en 1968, en el Apolo VIII, y vieron y fotografiaron su cara oculta, que es, por cierto, bastante parecida a la visible. Los viajes a la superficie lunar se mantuvieron hasta 1972 cuando el presidente Richard Nixon impuso a la Nasa un fuerte recorte de fondos porque aquello había dejado de interesar.

El viaje del Artemis II está siendo una gigantesca operación promocional de Trump, que por la mañana anuncia el apocalipsis de Irán y por la tarde presume de los logros espaciales de su país. Pero para los que tuvieron la oportunidad de asistir a la gesta de hace 57 años, esto no deja de ser un avivador de la memoria que les señala a los norteamericanos todo lo que les queda por recuperar de una Luna que hace más de medio siglo ya fue la de ellos. Por mucho que lo proclamen, ya nunca volverán a dar el pequeño paso para el hombre que fue un gran paso para la Humanidad.

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