EDITORIAL | Hipócritas
Siete minutos. Siete minutos de ovación cerrada, de pie, con palmas en alto y hasta ocho vítores de «¡Viva el Papa!» brotando del hemiciclo. La mayoría del Congreso se sumó al aplauso, pero nadie lo hizo con más entusiasmo aparente que los representantes del Partido Popular y de Vox, los mismos que durante el último año han presentado recurso tras recurso para que ni un solo menor migrante llegado a Canarias fuera acogido en sus comunidades, los mismos que han dejado colapsar los servicios de atención de esta Comunidad bajo el peso de una crisis que ellos han contribuido activamente a perpetuar. Siete minutos aplaudiendo lo que llevan casi dos años saboteando. Pocas veces en la historia reciente de este país la hipocresía ha sido tan ruidosa, tan fotogénica y tan absolutamente desvergonzada tras el discurso de León XIV que centró su histórica intervención ante las Cortes en el fenómeno de la migración, “un auténtico drama que debe convertirse en examen de conciencia para toda Europa”.
Tras su paso por Madrid y Barcelona, el Papa llegó a Canarias con un mensaje que no admitía lecturas convenientes. En Arguineguín habló de migrantes «marcados por el miedo, el hambre y la violencia» y advirtió que Europa no puede acostumbrarse a que el Atlántico sea un «cementerio sin lápidas». En Tenerife fue más lejos y alertó sobre el «segundo naufragio silencioso»: el que ocurre cuando un ser humano sobrevive a la travesía y luego queda abandonado, sin lengua, sin trabajo, sin vínculos. «Integrar es impedir ese segundo naufragio», añadió. Bendijo una cruz hecha con madera de cayucos. Abrazó a migrantes. Hizo lo que ninguno de los políticos hipócritas que le ovacionarían ha tenido la decencia de hacer: tratar a estas personas como lo que son. Seres humanos en plena indefensión.
León XIV deja en Tenerife su........
