El loco
La guerra de Irán ha diagnosticado a Trump como un hombre que se ha vuelto loco. Sus manifestaciones previas al alto el fuego no han hecho sino confirmar las sospechas. El presidente ha enloquecido, y ahora es responsabilidad de EE.UU. actuar en consecuencia o celebrar, en julio, 250 años de independencia sin asomo de valores democráticos. Es un problema existencial.
Algunas voces, de momento demócratas, partidarias de activar la Vigésimoquinta Enmienda de la Constitución, proponen destituir al presidente por razones de salud mental, pero no deja de ser un mecanismo ilusorio, pues exige mayoría del Gabinete y la voluntad expresa del vicepresidente. Nada más lejos de la realidad. Lo único cierto es que, tras amenazar con hacer desaparecer la “civilización” iraní, un acto de genocidio incompatible con la democracia estadounidense, Donald Trump sigue al frente de la primera potencia del mundo sin dar señales de mejoría.
Es como estar sentados sobre un barril de pólvora. Tener la sensación de que este hombre con los cables cruzados puede hacer una barbaridad en cualquier momento es lo más razonable del mundo. Nadie está a salvo, si Trump no quiere. Pocos quizá sepan que este sujeto goza de autoridad presidencial absoluta para........
